"Bien dicen que él amor más sincero está cerca, está dentro; en tu familia"
— ¿Cuál es tú problema? — pregunté
raspándome la garganta debido al grito mesclado con coraje; coraje que lograba
sentir recorrer mi cuerpo acumulándose en mi cabeza. En mi sien derecha para
ser exacto. Dolor, dolor, dolor. — ¿Cuál es tú puto problema, mierda? —. Que
bien me salía.
Peleas, como siempre. Bueno no como siempre, pero si como los últimos días, y la mayoría eran por mi culpa. Culpa de la que me hago responsable.
—¿¡Qué!? — Gritó. Miré su ojo izquierdo y lo vi temblar en un tipo tic, causado por el coraje que él sentía en su cuerpo. Algo similar al que yo sentía. —¡Me estas jodiendo! ¡¡Eres el hijo de puta más hijo de puta que eh conocido en mi vida!! —.
—¡Tenemos la misma madre! ¡Respétala idiota! — Alegué sintiéndome ofendido al instante, propinándole un golpe en el hombro.
—¡Pues ojalá hubiera sido hijo único! — Grito cerrándome la boca al instante. —Así no tendría que insultar a mi propia madre por tu culpa—.
—¡Yo…!— Me interrumpió dándome una bofetada y siguió hablando. Mi mirada cayó al instante.
—Te odio, te odio—La vena de su frente estaba punto de explotar— ¡Ojalá hubieras nacido muerto! —
—Oye… detente—. Le suplique con un tono de melancolía en la voz, con la garganta seca; seguía con la cabeza agachada y la mirada clavada en el suelo. Dolía. —¡Basta! — Con ambas manos en los oídos y con los ojos cerrados con fuerza retrocedí con violencia y rapidez hasta que sentí mi espalda golpear contra la pared. —¡No sigas! —
—¡Podría acuchillarte y no sentirme mal! ¡Me asqueas! ¡Te odio!... — Su voz cayó como cae el agua fría en la lava. Ardiendo. Se había dado cuenta del daño que me había causado. Se había pasado de la raya. Y claro, ahora intentaría arreglarlo. ¡Que le den! —Eh….— carraspeo algo incomodo y sentí su cuerpo acercarse al mío. — Bill—.
—¡Déjame! — Tapé mi rostro avergonzado por tener las lágrimas en mi cara escurriendo mil por segundo. Me sentía humillado, tirado en el suelo como un pedazo de basura.
—Bill, no quise decirlo…— Colocó su mano en mi hombro pero le propine un guantazo para que la alejara de mi.
—No sigas— supliqué. —Por favor—.
Me resbale sobre la pared para poder evitar tener que verle la cara cuando la descubriera de mis manos y caí al suelo en seco, provocándome un dolor no muy grato debido a la fuerza de gravedad con la que azote en el piso frio.
Sentí como se dejaba caer en sus rodillas frente a mí. A través del espacio entre mis dedos pude observar como me miraba con un toque de odio en sus ojos —no era para más— pero más que eso, ahora mostraban más arrepentimiento. Me había dicho ¡lo peor!
Sus manos se acercaron a mi rostro y lo levantó haciendo que por inercia yo quitara las mías para que nuestras miradas lograran conectarse.
—Bill, lo siento—Se disculpo en cuanto se percato que ninguno de los dos podíamos despegar la mirada del otro — Me pasé— Suspiro cerca de mi rostro, tomándome por los codos para evitar que pudiera moverme de mi lugar.
—Lo noté— Dije al momento que colocaba una mano en su rostro y lo empujaba hacia atrás para alejarlo de mí. —Ahora, suéltame por favor—.
—No—.Respondió mirándome tan atentamente que, cada vez sentía que lo estaba más cerca.
—Aléjate—Sentí sus ojos recorrer cada poro de mi rostro, cosa que incomodo, pues al haberme soltado a llorar como nenaza, el maquillaje en mis ojos se había venido debajo de una forma tan abrupta y terrible.
—No llores, lo siento—. Su mirada se centró en la mía y con toda la seriedad del mundo mencionaba palabras sin producir sonido, que si no fuera porque no sé leer los labios lo habría identificado, moría de ganas por saber que decía. En realidad no. Lo único que veía era el contorno de sus labios.
Ahora todo era arrepentimiento.
Me incorpore un momento y me abalancé sobre su torso abrazándolo con todas mis fuerzas. La verdad es que estaba teniendo pensamientos no muy sanos con mi hermano. Mi gemelo. Él besándome, él tomándome, él tocándome, él sobre mí.
Mis uñas se enterraron en la espalda de su sudadera grisácea y al igual que mis manos en la suya, las suyas se encontraron en mi espalda.
—Lo siento—. Susurro a un lado de mi oído.
Con más fuerza lo apegue a mí y enterré mi cara en su pecho. Las lágrimas me lastimaban los ojos y los pensamientos la cabeza, ésta comenzó a dolerme de manera extraña. Me punzaba y quería dormir. Era por los gritos. Me había esforzado tanto en hacerlo cabrear.
—Tom— cerré los ojos y deje salir un quejido que me congelo toda la piel. —Tengo sueño—.
—¿Estas bien? — Pregunto aún meciéndome entre sus brazos.
—Sí— Respondí mintiendo y solté un suspiro. Me sentía mareado. —Lo siento, Tom—
—Olvídalo— Acaricio mi cabello.
—No lo haré, no de nuevo, no me dejaré—. Lloriqueé un poco más. —No te enojes conmigo, no quiero que te enojes conmigo—.
—Está bien— me abrazo con más fuerza.
Siendo sincero. No, no me arrepiento. Lo volvería a hacer.
Peleas, como siempre. Bueno no como siempre, pero si como los últimos días, y la mayoría eran por mi culpa. Culpa de la que me hago responsable.
—¿¡Qué!? — Gritó. Miré su ojo izquierdo y lo vi temblar en un tipo tic, causado por el coraje que él sentía en su cuerpo. Algo similar al que yo sentía. —¡Me estas jodiendo! ¡¡Eres el hijo de puta más hijo de puta que eh conocido en mi vida!! —.
—¡Tenemos la misma madre! ¡Respétala idiota! — Alegué sintiéndome ofendido al instante, propinándole un golpe en el hombro.
—¡Pues ojalá hubiera sido hijo único! — Grito cerrándome la boca al instante. —Así no tendría que insultar a mi propia madre por tu culpa—.
—¡Yo…!— Me interrumpió dándome una bofetada y siguió hablando. Mi mirada cayó al instante.
—Te odio, te odio—La vena de su frente estaba punto de explotar— ¡Ojalá hubieras nacido muerto! —
—Oye… detente—. Le suplique con un tono de melancolía en la voz, con la garganta seca; seguía con la cabeza agachada y la mirada clavada en el suelo. Dolía. —¡Basta! — Con ambas manos en los oídos y con los ojos cerrados con fuerza retrocedí con violencia y rapidez hasta que sentí mi espalda golpear contra la pared. —¡No sigas! —
—¡Podría acuchillarte y no sentirme mal! ¡Me asqueas! ¡Te odio!... — Su voz cayó como cae el agua fría en la lava. Ardiendo. Se había dado cuenta del daño que me había causado. Se había pasado de la raya. Y claro, ahora intentaría arreglarlo. ¡Que le den! —Eh….— carraspeo algo incomodo y sentí su cuerpo acercarse al mío. — Bill—.
—¡Déjame! — Tapé mi rostro avergonzado por tener las lágrimas en mi cara escurriendo mil por segundo. Me sentía humillado, tirado en el suelo como un pedazo de basura.
—Bill, no quise decirlo…— Colocó su mano en mi hombro pero le propine un guantazo para que la alejara de mi.
—No sigas— supliqué. —Por favor—.
Me resbale sobre la pared para poder evitar tener que verle la cara cuando la descubriera de mis manos y caí al suelo en seco, provocándome un dolor no muy grato debido a la fuerza de gravedad con la que azote en el piso frio.
Sentí como se dejaba caer en sus rodillas frente a mí. A través del espacio entre mis dedos pude observar como me miraba con un toque de odio en sus ojos —no era para más— pero más que eso, ahora mostraban más arrepentimiento. Me había dicho ¡lo peor!
Sus manos se acercaron a mi rostro y lo levantó haciendo que por inercia yo quitara las mías para que nuestras miradas lograran conectarse.
—Bill, lo siento—Se disculpo en cuanto se percato que ninguno de los dos podíamos despegar la mirada del otro — Me pasé— Suspiro cerca de mi rostro, tomándome por los codos para evitar que pudiera moverme de mi lugar.
—Lo noté— Dije al momento que colocaba una mano en su rostro y lo empujaba hacia atrás para alejarlo de mí. —Ahora, suéltame por favor—.
—No—.Respondió mirándome tan atentamente que, cada vez sentía que lo estaba más cerca.
—Aléjate—Sentí sus ojos recorrer cada poro de mi rostro, cosa que incomodo, pues al haberme soltado a llorar como nenaza, el maquillaje en mis ojos se había venido debajo de una forma tan abrupta y terrible.
—No llores, lo siento—. Su mirada se centró en la mía y con toda la seriedad del mundo mencionaba palabras sin producir sonido, que si no fuera porque no sé leer los labios lo habría identificado, moría de ganas por saber que decía. En realidad no. Lo único que veía era el contorno de sus labios.
Ahora todo era arrepentimiento.
Me incorpore un momento y me abalancé sobre su torso abrazándolo con todas mis fuerzas. La verdad es que estaba teniendo pensamientos no muy sanos con mi hermano. Mi gemelo. Él besándome, él tomándome, él tocándome, él sobre mí.
Mis uñas se enterraron en la espalda de su sudadera grisácea y al igual que mis manos en la suya, las suyas se encontraron en mi espalda.
—Lo siento—. Susurro a un lado de mi oído.
Con más fuerza lo apegue a mí y enterré mi cara en su pecho. Las lágrimas me lastimaban los ojos y los pensamientos la cabeza, ésta comenzó a dolerme de manera extraña. Me punzaba y quería dormir. Era por los gritos. Me había esforzado tanto en hacerlo cabrear.
—Tom— cerré los ojos y deje salir un quejido que me congelo toda la piel. —Tengo sueño—.
—¿Estas bien? — Pregunto aún meciéndome entre sus brazos.
—Sí— Respondí mintiendo y solté un suspiro. Me sentía mareado. —Lo siento, Tom—
—Olvídalo— Acaricio mi cabello.
—No lo haré, no de nuevo, no me dejaré—. Lloriqueé un poco más. —No te enojes conmigo, no quiero que te enojes conmigo—.
—Está bien— me abrazo con más fuerza.
Siendo sincero. No, no me arrepiento. Lo volvería a hacer.
*
Que dolor, maldita sea. El sol. ¿Es de día? Pues si cabrón, que idiota, el sol no sale en las noches… A menos que… ¿Me morí?
—¡Bill! — La voz golpeaba las paredes, hasta llegar a mis oídos causándome más dolor en la cabeza. Bueno, al menos muerto no estaba. — ¡Bill! ¡Despierta! ¡Joder, que pareces un perezoso! —
—Ah, mi cabeza—
—Vale, si ni siquiera has tomado cabrón. — Comenzó a reírse cerca de mí y aún así no distinguía quien estaba hablándome. —¡Vale, ya párate cabrón! ¡Es tarde!—
—¿Vendrá la reina de Inglaterra? — Reí burlándome de su voz. Se escuchaba chillona y emocionada. —¡Preparen la cena y el baile! ¡Manden cartas a toda la población para la celebración de esta noche! ¡Eh de llamar a un sastre para que me haga un traje con las mejores telas de Alemania! ¡Oh dios mío! ¡No eh boleado mis zapatos! ¡Necesito grasa negra! ¡Que no sé usar cubiertos! ¡La vergüenza total!— Me burle más.
—¡JAJAJAJA! ¡Cabronazo! —Comenzó a reír igual que yo—Ya, es… ¡Es aún mejor! —
—Guau, que alegría, no puedo esperar para saber quien vendrá—. Respondí con la voz más suave y perezosa que la garganta me permitió.
—¡Vendrá Rose! — Dijo emocionado.
Mis ojos aún estaban cerrados esperando seguir durmiendo como un bebé pero el zangoloteo de mi hermano me evitaba poder hacerlo. No me molestaba. ¡Estaba tocándome! ¿Cómo molestarme cuando eso era todo lo que pedía?
—¡Ah! Wiii, que emoción… Ah, ¿Quién dices? — Pregunte adormilado.
—¡ Que vendrá Rose! —
Mis ojos se abrieron por tal sorpresa y miré a Tom con el cuerpo levemente inclinado hacia mí. Sus ojos miraban fijamente los míos —felicidad mil ocho mil— Tenía una sonrisa hermosa que me enseñaba su dentadura perfecta, ¡Perfecta! No pude evitar llevar los dedos a mis dientes y sentir unos sobre otros. ¡Que vergüenza por dios! Ah.
Querido cerebro. Recuérdame por favor, no volver a sonreír en público.
—¿Rose? — Rose… Rose. La novia de Tom. Mi rival, mi competencia, mi socia.
—Mi novia— Pero si será burro.
—Ya lo sé idiota, ah…—Me quedé callado un momento pensando en alguna excusa buena —Am, creo que me siento algo mal—
—¡A quien le importa! ¡Tienes que conocerla! ¡Esta súper buena! ¡Tiene unas tetas y un culo de ensueño!... — Hablo haciendo unas curvas con las manos, lamiéndose los labios y con los ojos medios blancos. ¡Coraje! ¿Por qué no era una maldita chica con tetas y un culo de ensueño? ¿Por qué? Porque sería su hermana. Daría exactamente lo mismo.
—¿Cómo hablas así de alguien a quien amas? —Pregunte sarcásticamente — ¡Que te den! — Le grité con rabia.
Tome las sabanas con las que me había tapado la noche anterior y me cubrí hasta la cabeza para evitar cruzar palabra con Tom. ¿Por qué? Él era mi novio, mío. Bueno, no. No era mi novio, pero yo soñaba con que sí. Aunque era mi hermano. Al menos aún tenía el 50% de derecho sobre su cuerpo. Creo.
Y que luego no sé quejé del porque de mis acciones cuando me enojo. Sí, enojado. Cabreadísimo. Yo. Ahora.
*
—No, no, no, no, no, no, no, mmmnn— Lo pensé un momento— Nop—.
—Bill, deja de cambiarle a la televisión, me duele la cabeza—
—Ah, ya, vale ya—. Deje el control remoto en mi regazo y miraba un programa sobre animales. Amo a los animales. Disfrutaba de ese programa tan perfecto hasta que la puerta se abrió entre gritos y risas. Vale. Día arruinado.
—¡Mamá! — Grito Tom como medio desesperado y emocionado.
Yupi, la reina de Inglaterra… La reina de las putas. Tomé de nuevo el control remoto y comencé de nuevo a cambiar.
—¡Oh Tom! Haz llegado, no eh terminado de preparar la cena y… bueno, no importa—
—Jijiji— ¡¡Su risa!! ¡¡¡AAAhhhhhhhhh!!!
—Mamá, ella es Rose—
“Ella es Rose” bla, bla, bla.
Con una mueca en la cara arremedaba las palabras de Tom y aplastaba el botón con enojo.
—Mucho gusto, señora—
“Ah sí, mucho gusto señora”
Con una voz chillona y con el mismo gesto la arremedé a ella. Si será puta. Su cabello rojo, me lastimaba los ojos, me dejaría ciego, maldita, estaba seguro que si esa perra pasaba más de 10 minutos bajo el sol el tinte le quemaba el cerebro. Maldita plástica.
ña, ña, ña.
—¿Bill? — Mi madre hablo acercándose un poco a mí, pero no del todo, aún la escuchaba lejos, mientras yo cambiaba los canales del televisor sin parar. —¿Bill? —.
—¿¡Mande!? —Respondí, mostrando indiferencia aunque realmente me importaba todo, escuchaba toda la conversación disimuladamente y la veía por encima de mi hombro. Sí, la televisión era para fingir. Ya le había dado la vuelta a los canales por lo menos 5 veces desde el inicio, sin poner la mínima atención a la caja mágica, porque Tom apareció con esa pelos falsos, pero claro, yo no podía mostrar enojo. No. No podía porque estaba que explotaba.
—Ven aquí, saluda a esta niña tan adorable—.
—hdskjf Adorable, claro mamá, gjdgajg— Dije tratando de sonar tan dulce como ella y de inmediato baje la voz —si será golfa— susurré y de nuevo me incorporé— ¡ah! fkjsdfgdj— murmuré. Oh bueno, algo así.
—¡Bill! ¡Deja de ser tan berrinchudo—
Cuando escuché esas palabras de mi mamá, eche la cabeza hacia atrás soltando un tremendo “Ah” de flojera y desesperación. Forzarme a convivir con esa prostituta ¡Bravo mamá! ¿Me estas jodiendo la vida sabes? Aventé el control remoto del televisor hacia el otro extremo del sofá y me levante arrastrando los pies. Mi madre tan inocente creía que mi berrinche era porque moría por ver las caricaturas. Oh mi madre tan dulce.
Levante la mirada y la vi a lo lejos. Pero si era más puta mirándola de frente!
Esa mini-falta y ese escote, dejaban todo a la imaginación. No era para exagerar, estaba hablando enserio. Pero todas las chicas que se le acercaban a Tom, a mi parecer, eran unas putas; aunque se tratase de una monja…
—Hola— saludo mi “socia”/rival.
—Hola— fingí una falsa sonrisa, tratando de darle el gusto a mi madre y a… Tom.
Tom se dio cuenta al instante y me miro aterradoramente con un toque de amenaza en los ojos, cosa que pase por alto. Me importaba en lo más mínimo. ¡Que le dieran por el culo! El era mío. O algo así.
La mire de pies a cabeza. Su sonrisa tan amplia, se veía contenta, eso no lo negaba. Pero no pude evitar mirarla con más desprecio. Quería borrar esa maldita sonrisa de la faz de la tierra.
Gran pelea.
Bill Kaulitz vs. La Puta Pelirroja.
-“Bill”, “Bill”, “Bill”.
-¡El público enloquece!
Round 1. Golpes: 5.
Round 2. Golpes: 3.
Round 3. Golpes: NOQUEADA.
“Ganador: Bill Kaulitz”
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!
Euforia total.
-: Dinos Bill, ¿Que te ha inspirado a ganar esta pelea?
-: Fácil. ¡Mi premio!
Tom en una vitrina de cristal como embalsamado.
—Es un placer conocerte, cariño, Tom parece perico hablando de ti— Hablo mi madre sacándome de ese hermoso sueño en el cual obtenía el mejor de los premios—.
—Oh, jiji, es bueno saber eso—
¡Su risa! ¡¡Su puta risa!! ¡Tan chillona joder! ¡Que se muera! ¡Que se quede sin voz! ¡Que le rebanen la garganta antes de que yo lo haga!
Enterré el tenedor en la mesa con tanto odio, jalándolo hacia la orilla, escuche el rechinido tan aturdidle, que hizo a todos voltear a verme.
—¿Estas bien Bill? —
—Oh madre, mejor que nunca—. Respondí sarcásticamente.
Los tres me miraron con algo de asombro, Tom sonrió, alegre quizás, no sé, me embobe con sus sonrisa, su dentadura perfecta y al igual que el yo sonreía feliz, porque él lo estaba, estaba sonriendo… y al instante esa sonrisa se borro cuando lo vi acercarse a Rose, tan melosamente —que me hacia enfermar— y plantarle un beso sonoro en los labios, para luego alargarlo compartiendo baba. El tenedor cayó sobre la mesa como si lo hubiera aventado con furia, quizás lo hice, no sé. Coraje.
—Lo siento— Me levante hecho una bestia dispuesto a ir hacia mi habitación. No iba a salir en lo que restaba de la tarde.
No pretendo verles la cara. No quiero ver como comparten saliva, como comparten microbios.
—¡Bill! —
—Lo siento mamá—
Y sin voltear a ver a Tom y a la puta esa, salí de la cocina subiendo las escaleras de a tres escalones por saltos.
Tengo hambre.
Estaba echando en mi cama con los auriculares a todo lo que daba. Y mi estomago no me dejaba en paz, gruñía cada vez más fuerte.
Ah.
No sabía si Tom ya se había llevado a su Barbie a cualquier motel cercano, pero por primera vez en todo el día deseaba porque no fuera así.
Me levante de la cama paseándome por la habitación cantando un poco para distraerme con lo que fuera.
Grrñññrrññ.
Puto estomago. Abrí la puerta de mi habitación sacando mi cabeza primero observando cualquier movimiento, pero todo estaba desierto, ni siquiera parecía que mamá estuviera en casa ¿Estaba? La casa podía ser muy linda y grande de día, pero dios santo, de noche parecía una antigua casa embrujada, si no fuera porque es mi casa, hubiera salido corriendo despavorido, temiendo que alguien pudiera jalarme los pies. Salí caminando, paso a paso, lentamente sabiendo que podría pincharme la planta del pie con algo —andaba descalzo—, anduve con cuidado hasta las escaleras tanteando un poco antes de comenzar a bajar ya que se encontraba el pasillo oscuro, y que flojera prender la luz, con solo pensarlo me ponía a sudar. Baje el primer escalón y me seguí con el segundo.
Escalón, a escalón, escalón a escalón, escalón a… ¡Boca! Mi puto pie no piso bien, ojalá hubiera nacido sin ese pie. Bueno, no, amo a mi pie. Te amo pie.
Rodé como pelota en partido de voleibol de playa en pleno verano. Rodé, rodé y rodé hasta que mi rostro cayó de lleno al suelo de madera. No sé cuánto tiempo después fue. No sé cuánto tiempo tarde cayendo y rodando.
—¡Ah, mierda!— Grite como loco.
—¡Oh dios mío! ¿Estás bien? — Joder, ¿Por qué dios mío? Y dios me contesto “Por no prender la luz”… —Te ayudo a levantarte, espera—
Escuché unos tacones correr hacia mí tan rápido como había escuchado esa voz hablarme al instante y unas manos suaves y blancas comenzaron a levantarme con suma tranquilidad y cuidado. Me sentía aturdido por el golpe, me había tragado el piso de un mordisco, joder.
—Estas sangrando por la nariz.— Intento tocar mi nariz pero le golpeé la mano. —Au.
—No, no necesito de tus cuidados—. Me levante un poco quedando de rodillas en el suelo, aún con esa perra enfrente de mí.
—Pues no, pero necesitas al menos un poco de papel para limpiarte—
—No necesito… ¿Estás sola? ¿Aquí? — pregunte mirando el vacio tras ella.
—Tom ha ido por un paquete de palomitas y unas gaseosas a la tienda, veremos una película, y me preguntaba ¿quieres…?—
—No— Conteste enojado, ¿Yo? ¿Yo, solo con esa tipeja? Dios… ¿Me odias?.
—Ah, vale, no importa— Sonrió tranquila.
¡Te tengo envidia maldita! ¡Siente mi ira! ¡La ira de mis ojos!
—¡Tú que sabes de Tom! ¿Eh? — Exploté.
—¿Disculpa? — pregunto atónita.
—¡Ni siquiera has de saber cuál es su comida favorita! ¡Su color! ¡Su música! — Me levante colocándome frente a ella.
—Eh, yo…—
—Dime, ¿De donde has salido? ¿Del table-dance de la esquina?—
—¡Epa! ¿Pero tú que…?—
Giré violentamente cuando escuché la cerradura de la puerta. ¡Mi oportunidad! ¡Joder, joder, joder! ¡Como un par de semanas antes!
¡Luces! ¡Cámara!... ¡Acción!
Tome a la puta de cuarta que estaba enfrente de mí por la nuca, la dirigí a mis labios y la besé.
La besé como si fuera mi novia, como si tuviéramos hambre del otro, como si estuviéramos montándonos, como si quisiéramos quitarnos la ropa uno al otro. Tome sus manos con rudeza y la obligué a que estrujara mi playera como si quisiera arrancármela, y coloque mis manos en sus hombros dispuesto a empujarla ¡Pero si debería ser actor! Parecía que ella estaba forzándome. Ganaría millones así.
¡Bravo Bill!
—¡Bill! ¡Rose!— Y rápidamente solté a la puta acomplejada y puse la peor cara que tenia ensayada desde días antes. —¡Rose! Pero… ¿Qué mierda haces, joder? —
—¡Tom! — Gritó ella.
Mi hermano. ¡Sí! Como lo había planeado. Bueno, esta vez no tenía planeado arruinar su cita. Pero sé que el destino lo hace a propósito. Gracias dios.
—Tom, ¡no! ¡Tú hermano me besó! ¡Yo no!... — La pelirroja trataba de defenderse con sus propias palabras mientras que yo (por buenas escenas de drama que hacia) me quede parado perplejo como si me hubieran robado la inocencia. ¡Ja! —¡Fue él! ¡Tom! —
Oh, oh. No le había creído el cuento. Y a disfrutar.
—¡Cállate! —
—Tom, escúchame—
—¡Eres una golfa!— Tom soltó la bolsa de las compras improvisadas que había hecho y las pateo lejos.
—¡No! Déjame explicarte— Grito ella atemorizada.
Y yo seguía parado con la cara de idiota presenciando la escena como si fuera una película. Guau. Bravo. Me había quedado perfecta. Tal vez también servía para director de cine.
Oh gracias por éste Oscar. Pero Bill Kaulitz demostrará que puede hacer más escenas de drama improvisado.
—Eres una puta— Escupió Tom en el rostro de la chica con los ojos más encendidos por la rabia. Su piel estaba roja y sus puños yacían a un lado de su cuerpo cerrados con fuerza. A punto de dar un puñetazo, o algo así parecía. —¡¿De donde has salido tu?! —
—No, no, ¡Tom! —
—Te atreves a besar a mi hermano, ¡Mi hermano! ¡En mi casa! ¡Si serás puta!— Y le soltó una bofetada haciendo que el cabello de la chica volara en la misma dirección que su rostro. Auch.
—No…— Dijo débilmente.
—Vete—. ¡YES!.
—No, Tom, yo…—
—¡Vete! —
—Tom— La acomplejada esa se le acerco a Tom con lágrimas en los ojos. ¿Estaba jugando, no? Tom enseguida la rechazo. Puntos para Bill. —Créeme—.
Sin mencionar nada, Tom la tomo fuertemente del brazo y la arrastro hacia el exterior de la casa. La chica se deshacía en gritos y lloriqueos. Bien.
¡Que se calle! Hará que me arrepienta. De las ultimas 4 veces que había hecho eso, ninguna de sus novias había llorado así.
Oh.
—Tom, ¡No! ¡Créeme! —
—Cállate, ¡Lárgate!—
Y de un golpe cerró la puerta en su cara.
Joder. Arrepentido. Soy una mierda.
Tom se volteo mirándome con odio mientras que yo seguía con la cara de baboso con la que me había quedado desde que la había soltado a ella.
—¡¡Tom!!— Grito ella dese afuera arañando la puerta.
Camino directo hacia mí. El puño. El puño. Cerré los ojos con fuerza esperando cualquier golpe en la cara, pero solo escuché un profundo suspiro y escuché sus pasos alejarse de mí subiendo por las escaleras.
¿Qué? ¿Yo nada? ¡Yo merecía ese golpe! ¡Merecía las palabras con desprecio! ¡Merecía la humillación! Y no ella.
La cagué. Mierda, mierda, mierda.
¡Porque me han quitado mi premio!
¡Porque tus dramas lastiman!
Joder.
A la de diez.
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 9, 9, 9, 9, 9...
Los sonidos que provocaban mis pies golpeando el suelo, se escuchaban un poco desganados pero aún así retumbaban en mi cabeza. Mi hermano estaba en su habitación. No podía estar llorando. No. Que idiota soy. ¡Él no llora! Se escuchaba molesto. Se veía molesto. Demasiado. Me tenia ansioso. Temeroso. Aterrado.
¿Debía entrar a su habitación o quedarme aquí afuera?
Debo entrar.
La puerta de su habitación estaba frente a mí. Estaba ahí, me estaba tentando.
9…. 10.
Giré el picaporte y le abrí sin pensármelo dos veces. Era claro que si me detenía a pensarlo un poco, me retractaría al instante.
Joder.
Estaba ahí sentado al borde de su cama, dándome la espalda. No tenía audífonos así que suponía que estaba escuchándome.
—Tom…— Hable despacio y suave. Trataba de escucharme sin miedo.
Espere alguna respuesta, alguna señal. Nada.
—Tom— Me detuve de nuevo— Ella, ella no fue…— suspiré con los ojos casi apunto explotarme en llanto de arrepentimiento. —Yo… Yo, no soportaba que estuvieras con ella— Ahogue un gritito al ver su espalda estremecerse— De hecho, yo… No soporto a ninguna de tus novias…— me quede callado unos momentos y suspiré. —Ni una.
Tom se volteo un poco mirándome por encima de su hombro y noté un par de lágrimas en los ojos, sus ojos; que descendían hasta llegar a su barbilla y de ahí acumularse con otras más y colgarse hasta soltarse y chocar con su ropa… ¡Lloraba! ¿Realmente amaba a esa chica? ¡Oh dios mío! ¡Soy un imbécil!
—Oh Tom, yo lo siento… No podía, es eso, yo…— Agache la cabeza avergonzado. —Perdóname— Me acerque un poco y me sonrojé por las palabras que estaban a punto de salir de mi boca. Ya no podría controlarme. —Es que…—Suspiré y tomé él valor suficiente— Te amo.
Tom se giro completamente dejándome ver sus ojos rojos al igual que su nariz y sus labios temblando de manera incontrolable.
—¿Qué? — hablo con voz débil que me hizo encogerme en mi lugar. El parecía perplejo. Y no se inmuto un poco.
—Te amo—Sus ojos mostraban confusión y era mi oportunidad. — No te amo como hermano, no, más bien, es como personas diferentes. —
—¿Qué? ¿Personas diferentes?—
— Ya sabes —Rodé los ojos, él negó enseguida con la cabeza, y suspiré tomando aún más valor sin mostrarme nervioso—.Te amo, te amo, con besos, con caricias, con palabras, con miradas, como… Incesto—. Respondí totalmente abochornado.
—Incesto—. Lo escuché murmurar.
—¿Qué? — pregunté confundido.
Se quedo mirando a la nada y el arrepentimiento se apodero por completo.
Joder.
—Dilo— Lo miré con tristeza. ¿Qué esperaba? ¿Qué me aplaudiera y se me aventara a los brazos? Estoy idiota. — Estoy enfermo, soy un maldito, loco, enfermo, incestuoso que pretende tener una relación con su propio hermano—. La voz comenzó a fallarme— Dilo, se que mueres por hacerlo—.
—No—.
Lo miré un poco aturdido por las tantas preguntas que nos lanzamos el uno al otro.
Suspiré en cuanto lo vi ponerse de pie acercándose a mí. Oh dios, ahora sí. Aquí vienen los golpes.
—Tom, en verdad lo siento— Cerré los ojos con fuerza—.Tenía celos—.
—¿Celos?—.
—No quería que estuvieras con alguien que no fuera yo—.
¡Una sonrisa! ¡Una puta sonrisa! Eh, ¿Pero que pasa con él?
—Joder, Bill—.
Me tomo del brazo con fuerza estrujándolo entre sus dedos y palma.
—Au, au, duele, Tom, duele—.
—¡Eres marica! —.
—¡NO! —.
—¿No? —Pregunto aún sonriente—. Acabas de decirme que te gusto—.
—¡No! Yo dije que… te amaba— Agache la cabeza dándome cuenta que eso era peor que el simple gustar que Tom me había echado a la cara y ya era demasiado tarde como para decirle “Jajajaja, buena broma, te la has tragado toda, no te amo, todas tus novias son tan putas que me desean” Ojalá se me hubiera ocurrido antes.
—¡Bueno, es lo mismo! — Estrujo con más rudeza mi brazo entre su mano ruda. Sus ojos brillaban aún por las lagrimillas, mientras que yo solo podía soltar algunos jadeos de dolor.
—No, no es lo mismo, hay diferencias.—
—¡Puede gustarte algo, algo material por ejemplo! —Espera ¿Qué? ¿Que coña estaba diciendo?— ¡Te gusta tanto, que lo amas! —
—Pues yo solo te amo de una manera, y es de la manera en la que me gustaría poder besarte sin esperar un puñetazo—. Y le di un guantazo en la cara haciendo que me soltara al instante.
Retrocedí instintivamente pero él no se movió ni un milímetro. Lleve ambas manos a mi boca mordiéndome la palma aguantándome las ganas de correr y gritar, de pedir ayuda, que posiblemente me iban a torturar de la peor manera.
Tom se acerco al picaporte de su habitación y lo observe girar del botón del centro. Seguro.
Abrí los ojos espantado, en cuanto lo vi acercarse a mí.
—¡Ah! —
—Cállate—
—¡Ayuda! —
—Bill…—
—¡¡¡Mamá!!! —
—Está con Gordon—. ¡Y sonrió de nuevo!
Joder, vale, nunca lo había visto tan enojado ¿Estaba enojado no? Se notaba rojo. Nunca me había mirado así, nunca me había hecho sentir tanto miedo como lo estaba sintiendo ahora.
Mi espalda golpeo la pared y comenzaba a sentir el cuerpo de Tom sobre el mío. Comencé a temblar haciendo que mi cabeza golpeara constantes veces contra la pared fría. Cerré los ojos con fuerza y su respiración chocó con la mía. Me paralicé. Oh mierda.
Sus labios rosaron mi oído haciéndome estremecer, susurro unas palabras parecidas a “Ahora, es cuando entro yo”.
Me mordí el labio. Oh, hermoso sueño…
—Mierda—.
—Eso es, para que sepas… que no es otro de tus sueños, yo también te amo—.
—¿Qué?—. Abrí los ojos sorprendido.
—¿Sabes lo que es entrar , a la habitación de tu gemelo en la noche a oscuras, para verlo dormir… Y que de repente comience a murmurar tu nombre mientras se le pone duro allá abajo? — Sonrió.
¿¡¡Qué!!? Ni siquiera quería saber eso… Pero ¡Me escucho! ¡Me escucho! Oh tierra, trágame y no me escupas hasta que Tom ya no esté aquí —Mejor no, si no, no lo vería más— ahora seré la burla… Espera. ¿Qué? ¿Verme dormir?
—¡Loco!—.
—No más que tú—.
Beso mis labios con dulzura. ¡Dulzura! ¿Dulzura? Dulzura. Estaba comiéndome la boca, mientras que yo, torpemente, con mis apenas mis primeros dotes de buen besador —que había aprendido con Andreas— intentaba seguirle el ritmo, inútilmente haciendo que un hilo de saliva se escurriera por la comisura de mis labios.
¡Es real!
La lengua de Tom, tomo aquel hilo de saliva lamiéndolo suavemente mientras que sus manos tomaban fuertemente mis caderas.
—Ah…—Solté al sentir el tacto frio de la mano tosca de mi hermano—. Tom—.
Sus manos se mesclaron bajo mi camiseta negra mientras que lo tomaba de la nuca atrayéndolo un poco más a mí. Mis piernas temblaban, los dedos de mis pies se contraían y mi espalda se arqueaba cada que la lengua húmeda de Tom se paseaba arriba y abajo sobre mi cuello soltando exceso de saliva en mi clavícula.
Algo paso sobre mi pecho con violencia y cuando pude reaccionar mi camiseta estaba hecha añicos, Tom traía una navaja de rasurar en su mano y miraba la manera en la que mi ropa caía despedazada al suelo.
—¿¡Qué haces!?—.
—Desvestirte — Sonrió—. ¿Qué más?—.
—¡Era mi favorita! — Grité en su cara.
Rodo los ojos y coloco la navaja en mi cuello, la miré asustado de reojo y sentí como la mecía de un lado a otro provocándome tragar saliva repetidas veces poniéndome los pelos de punta.
Tiro del cinturón de mis pantalones quitándolos rápidamente. ¡Mis pantalones de caían! ¡Me quedaban enormes!
Antes de que Tom me hiciera quedar humillado enfrente de el por mis pantalones aguados, tome su enorme camisa de rapero —O algo así— y tire de ella zafándosela de un movimiento. Si la pared no hubiera estado ahí, me hubiera desmayado al tener tan cuerpo bien formado frente a mis ojos. ¡Perfecto!, ¡Perfecto!
Tom me miro con una ceja levantada a tal acto de paranoia que tuve segundos antes y luego bajo la mirada hacia mis piernas. ¡Eso era lo que no quería! Mis piernas estaban blancas y flacas. Mi entrepierna… ¿Para que mentir? Esos calzones de tigre que mamá me compraba de oferta eran cómodos. Pero ahora además de que me pareció algo humillante delante de él ¡Estaba que parecían casa de campaña!
Me sonrojé instantáneamente. Me tomo por ambos brazos con la misma brutalidad con la que había empezado, cerré los ojos y camine rápidamente, casi dando brinquitos en el suelo por la rapidez con la que me llevo hasta su cama, aventándome a esta de un empujón. ¡Su cama! ¡Oh por dios!
Se dejo caer sobre mi cuerpo, besándome con más intensidad los labios. Estaba succionándole el labio inferior mientras dejaba pequeñas mordidas alrededor de su boca. Su lengua y la mía hacían el amor en nuestras bocas. Se acariciaban como si tuvieran vida propia.
Escuché la hebilla del pantalón de Tom abrirse casi desesperadamente, pero aún estaba besándome y con ello, mis ojos cerrados. Todo lo dejaba a mis oídos. Sentí el calor de su cuerpo alejarse un poco hasta que sus labios se fueron de mi alcance, mi boca semiabierta pedía a gritos más de sus labios, más besos, más saliva de Tom, como si la mía no fuera capaz de producir un poco de esta.
Entre abrí los ojos y mire a un nublado Tom mordiéndose el labio sobre mí. Coloque ambas manos sobre sus hombros y las suyas bajaron mi única prenda en cuerpo. Mis calzoncillos de tigrecito fueron aventados lejos de ahí. Me mordí el labio y en cuanto volví a sentir el calor de Tom en mi cuerpo sentí su enorme miembro restregarse con fuerza con él mío. ¡Joder! ¡Estoy mojando! Le propine un empujón que lo hizo separarse un poco de mí. Quedo en 4 sobre mi cuerpo.
—Espero que te guste—. Comencé a bajar resbalándome entre las sabanas, lamiendo su pecho dejando pequeños mordiscos hasta llegar a su abdomen.
—¿Gustarme que?—.
Tome su miembro entre mis manos, Tom abrió los ojos sorprendido y sin pedirle permiso termine bajando un poco más dejándolo en mi cara. Abrí la boca y como su fuera a dar una gran mordida —A un panque— lo introduje a mi boca comiéndolo todo.
—Ah… Mhnn —En un lento vaivén comencé a lamer toda la carne dura de Tom. El piercing frio que yacía en mi lengua lo acariciaba y lo sabía. Una mano suya bajo hasta mi cabeza y la tomo haciendo que su miembro tocara mi garganta—. ¡Ahh!—
Lamí la punta y sentí el miembro de Tom palpitar en mi mano.
—Que guarro eres Bill—.
Le di un apretón que lo hizo soltar un par de gemidos y volví a introducirlo a mi boca sintiendo su presemen escurrirse por mis labios y mi piel.
Tom me tomo del brazo —de nuevo con violencia— y me jalo hacia arriba colocando nuestras miradas frente a frente, como antes. Tomo una pierna y la levanto colocándola arriba de su hombro. Oh joder, me ardía la cara. Estaba avergonzado. Lo sé. Lo siento.
Sentí la punta se su miembro colocarse entre mis glúteos, mis manos comenzaron a estrujar la sabana de la cama, dolería, dolería, dolería. Y empujo con fuerza, sin lubricante. Me ardió. Me dolió. Me atravesó sin rechistar.
—¡¡¡Ahhhhh!!! ¡¡Joder, Tom!! —Y clavo más—. ¡¡Ah!! —
Y sin esperar a que pudiera recuperar el aliento comenzó a moverse tomándome de la espalda levantándome para que mi entrada quedará a su disposición.
Entraba y salía, entraba y salía.
—¡Mierda Tom!—. Jadee arañándole la espalda aún con una pierna sobre su hombro. Vaya que parecía de hule.
El vaivén me llenaba por dentro, sentía la carne de Tom, deslizarse con delicadeza dentro de mi hasta llegar profundo y hondo, haciéndome soltar gemidos de placer al momento en el que tocaba lo más profundo en mi. Cada vez más rápido, cada vez más profundo, cada vez con más fuerza. Iba a correrme, estaba a nada, me mordía el labio y cerraba los ojos con fuerza tratando de aguantar un poco más. Su cuerpo se apegaba más al mío mientras yo sentía el placer de su miembro dentro de mí y del dolor de mi pierna doblada brutalmente sobre mi cuerpo.
¡Me gustaba! ¡Oh joder! ¡Tom estaba sobre mí, desnudo, clavándomela hasta lo más recóndito de mí! ¡Y me amaba!
Mi semilla salió disparado contra el estomago de Tom salpicándome un poco a mí, mi vista se nublo por unos momentos y por instinto cerré los ojos, mi cabeza cayó hacia atrás mientras mi boca se abría exageradamente para sacar todo el aire que no podía sacar en gritos. Mis uñas se enterraron en su espalda con desesperación. Sentí su liquido llenarme por dentro, algo caliente y espeso, salió de mi cuerpo y lo restante se escurrió entre mis piernas dejándome completamente pegajoso.
¿Asco? No.
Su cuerpo no se despego ni un momento del mío, más que para bajar la pierna que fue forzada para facilitar la entrada a Tom en mi cuerpo. Beso mis labios una vez más y me abrazo con fuerza.
—Así que por eso siempre te veía colgado del cuello de mis novias ¿Eh? — Asentí avergonzado ocultando mi rostro en su cuello —Estás loco—. Me aparto lentamente de él y me miro.
—Este enfermo—. Respondí sonriendo con un el letrero de mi cerebro palpitando con lucecitas de colores “No sonrías, tu sonrisa es fea, tu sonrisa es espantosa, dientes feos, unos sobre otros, ¡NO!” Vale, ya no me importaban mis dientes.
—Estoy enfermo de amor— Respondió él.
—Ag, pero que cursi—. Saque la lengua de modo asqueado.
—Bueno… Así era con mis novias— Alzo los hombros rodeándome la cintura.
Me quede en silencio mostrándome algo incomodo por el hecho de que haya mencionado a sus “novias” y lo notó al instante.
—Bill—.
—Mhnn—. Ronroneé.
—¿Quieres ser mi novio?—
Abrí los ojos sorprendido como de quien vio un fantasma y lo mire atónito como de quien ve una ecuación de tercer grado de matemáticas cuando es el más burro de la clase.
—¿Yo? —
—¿Hay otro Bill? —
—En teoría existen muchos Bill’s no solo en Alemania si no…—
—¡Sí! Tú idiota—
—¿Debería gritar? —,
—¡Responde mierda! —
—Sí— Sonreí ampliamente.
¡Que no sonrías idiota!
Le di por su lado a mi cerebro y bese los labios de mi hermanovio.

Oh, dios, lo amé con locura :'D
ResponderEliminarLa actitud de Bill me mataba xD todo celoso y gracioso, me reí demaciado. Fue tierno al final y.. no sé, yo amo como escribes, te lo he dicho.
Te amo Laura <3