sábado, 20 de julio de 2013

Never Too Late.

Twincest: Bill & Tom Kaulitz


Tomi…
El menor de los gemelos gimió bajito al sentir la traviesa lengua del mayor recorrer su cuello con sigilo y placer desde su clavícula hasta su mandíbula.
Oh, Bill, ven conmigo, por favor, olvida eso.
No, no, no puedo, debo pasar por algo, pero te veré en casa, estaremos solos, y vete tú a saber que cosas podrían pasar — Susurró en el oído de Tom.
El mayor apretó su agarre en las caderas de Bill

—No vayas — Tom mordió el lóbulo de la oreja de Bill y este tembló en sus brazos.
—Ya, debo… debo ir — Se soltó del agarré de su hermano y se ajustó su camiseta que yacía chueca sobre su torso —, luego, iré a casa Tomi, no tardaré, anda, adelántate y relájate un poco.
Su gemelo rodó los ojos y le dio la espalda.
—Bien, como quieras, te veré después — Respondió de mala gana.
—Iré tras de ti, Tom, ¡te amo!— Gritó Bill ante el mal humor de Tom quien se marcho dejándolo solo en medio de la sala V.I.P de la discoteca que acaban de abrir en la ciudad.
La verdad es que Bill no iba por algo diferente a un lubricante y condones, pero el hecho de que Tom suele volverse loco con sus pantalones a la cadera, le dificultaría el camino a casa y quizás ni llegarían con vida, pues un Tom obseso se le aventaría en medio de la carretera y claro, Bill no pretendía asesinarse a él y a su hermano en medio de la noche.
Suspirando por la actitud chula de Tom, Bill tomo su chaqueta de cuero negra, junto con sus lentes y salió de ahí dando por finalizada su gran noche de jarra, que realmente no duró ni tres horas.
Como era de esperarse, su pequeño pero confortable Audi Q7 esperaba ya por él a la entrada de la discoteca. En cuanto notó una nada disimulada manada de periodistas sobre él, emprendió una carrera de muerte hasta su auto, entró en él y lo encendió sin permitirse contestar alguna pregunta de tantas que le harían además de tener el micrófono en la cara. Resopló molesto y encendió el estéreo.
Buscando rápidamente una farmacia nocturna a fueras de la ciudad, pasando desapercibido con un simple gorro y unas gafas compró lo que necesitaba, para llegar lo más rápido hasta donde Tom le esperaba. Tomó la carretera y piso el acelerador un poco más que de costumbre.
Y es que ya estaba un poco arto —solo un poco— de que Tom lo ocupara como una máquina sexual y claro, incluso el comenzaba a verse como una, eso de necesitar lubricante y condones a las 2 de la madrugada, no era algo para cuerdos —aunque tampoco estaba loco—. Él estaba planeando, después de una escena desatada de besos, caricias, juegos preliminares y sexo, decirle a Tom como lo deseaba con él y no precisamente dentro de él —aunque también—;le resultaba un poco chocante que Tom solo desfogara con él cuando estaba empalmado y no podía bajarse la erección ni con agua fría. Y no es que a él no le gustaran esas situaciones tan calientes, pero a cambio de Tom, Bill poseía un nido de sentimientos dentro de él hacia su hermano, que le provocaban desearlo más y más, aunque sabía que solo era un juego y distracción momentánea para Tom.
Él amaba a Tom, y en cuanto se dio cuenta de aquella blasfemia —para algunos—, reprimió cada sentimiento que salía de su corazón.  Y aunque le dolía, tenía que soportarlo como el amor fraternal de hermano a hermano. Cayó en depresión unos días después y como parte del desahogo, le escribió una canción: In Die Nacht. Tal vez no podía demostrar sus sentimientos lo suficiente en público, pero existía la ocasión en la que en el escenario, solo salían ellos dos juntos, y él aprovechaba a cantarle cada estrofa de la canción con sus verdaderos sentimientos y cualquiera que tuviera tres dedos frente a su cara, notaría a lo que se refiere, pero no Tom, él no, resultaba medio torpe para las indirectas demasiado indirectas.
Bufó molestó por la torpeza de Tom y dirigió sus ojos avellana hacia la bolsa negra que contenía los condones y el lubricante ¿Realmente debió haber comprado aquello? ¿Valdría la pena? ¿Tom querría seguir haciéndolo con él, después de declararle sus sentimientos? Quien sabe. Con Tom ni siquiera se sabe.
Sus ojos se desviaron hacia la carretera por la luz directa y cegadora de un tráiler que venía hacia él. Creyó por un momento que aquel podría frenar y desviarse o regresar a su carril al notar que un vehículo transitaba por ahí, pero no sucedió. Iba demasiado rápido para su mala suerte, tanto él, como el coche de enfrente, ninguno se decidía por alguna solución. Su cuerpo se paralizo por el estado de shock en el que entró en menos de dos segundos  y sin saber mucho que hacer y como reaccionar por aquello, giró el volante de forma un poco brutal para evitar un impacto contra aquel tráiler, sintió una pequeña sacudida en su cuerpo y su vista se cegó momentánea mente. Había evitado al inconsciente conductor que invadió su carril estúpidamente y evitó un posible choque entre ambos vehículos. Una parte de él se sintió bien, aunque realmente eso ha sido peor.




Tom estaba boca arriba en su cama —que más bien era de Bill, pero que por derecho de antigüedad era suya también—, mirando su reloj digital que descansaba sobre la mesa de noche, que marcaba las 5 menos diez minutos, Tom soltó un suspiro de frustración y siguió mirando el techo. Bill le había dicho que no tardaba, que iba por “algo”, que a su conciencia no sabía que era pero se imaginaba. No era para tardarse más de diez minutos comprando aquello y él al menos ya llevaba tres horas desde entonces.
Sus parpados pesaban y sabía que moría por dormir, pero esto se volvía cada vez más angustiante para él, no podía dormir mientras Bill aún no llegaba.
Miró el reloj una vez más, diez minutos habían transcurrido y nada, veinte minutos, nada aún, treinta minutos, nada. Una hora y cincuenta minutos y nada aún.
El sol comenzaba a aparecer y Bill no llegaba.
—Malita sea.
Con el sueño sobre su cabeza y ojos, se levantó de la cama solo para comenzar a intentar llamarle por el móvil, cosa que no se le había ocurrido antes por su gran ingenuidad. Y en cuanto se le ocurrió, temió hacerlo y que Bill lo hiciera al mismo tiempo y que marcara ocupado. Marcó los números del móvil que recordaba sólo para encontrar que la contestadora, ni siquiera era la contestadora, era la misma grabación de cuando marcas un número que no existe. Pero el número si existía, lo repaso mil veces y siempre era la misma respuesta ‘El numero que usted marco, se encuentra desconectado’.
—Joder.
Que el supiera un teléfono móvil no se podía desconectar, además rechazaba la idea de que Bill quizás huyó de él, sacando la tarjeta SIM del móvil y dejándola tirada por ahí para ya no tener que hablar con él. Estaba al colapso de los nervios cuando se decidió a pedir ayuda. Georg, Gustav, David, Mamá, Papá, Gordon, la policía, la marina, los soldados, helicópteros, ambulancias, todo el mundo. Se tomo sus trenzas entre sus dedos y tiro de ellas con desesperación logrando así, sólo lastimarse y no que Bill apareciera como creía que pasaría si lo hacía.
Corrió escalones arriba y tropezando torpemente  entró a su habitación por un par de zapatos lo suficientemente cómodos para vagar todo un mes fuera si era necesario. Tomó las llaves de su Cadillac y dispuesto a salir volando salto de a cuatro escalones tropezando y cayendo de cara en la planta baja. Sin lamentarse por el ardor que ahora sentía, gateo lo que le faltaba para llegar a la puerta principal. Apenas y había tomado la perilla cuando el teléfono de la sala comenzó a sonar. Rodó los ojos y con un par de zancadas ya había tomado el teléfono y estaba aplastando la tecla verde para responder la llamada.
—¿Diga? —Contestó de mala gana — Hable rápido por favor.
—¿Tom Kaulitz? No… ¿Trümper?
—Kaulitz, Trümper, es lo mismo, ¿Qué quiere? ¿Quién es?
—Hablamos de parte de las oficinas forense del estado — En ese momento Tom se quedó plasmado en su lugar con los ojos increíblemente abiertos y el labio inferior tembló violentamente — ¿Usted es hermano de… Bill Kaulitz-Trümper?
—Ajá — Respondió con un suspiro y su voz quebrada.
—Él ha sufrido un accidente automovilístico está noche alrededor de las 2 de la madrugada…
Ya no escuchó más. El teléfono salió volando de sus manos y unas gotitas saladas se resbalaron por sus mejillas.
Está muerto, está muerto, está muerto. Bill está muerto.

—Bien, como quieras, te veré después — Respondió de mala gana.
—Iré tras de ti, Tom, ¡te amo!— Gritó Bill
Y él no le respondió.

Tom se dejó caer en el suelo de su casa maldiciendo su torpeza y su insensibilidad. Bill ahora estaba muerto y él ni siquiera se había atrevido a decirle lo que sentía. Porque muy a pesar de que cada noche se insinuaba a Bill y este como conejillo corría a sus brazos, sabía muy bien que le quería más allá del amor fraternal que era claro que existía. Y tampoco era tan tonto, sabía que Bill lo quería igual o quizás más de lo que él, se había dado cuenta, sin embargo lo evitaba, no quería lidiar con aquello, ya tenía suficiente con la preciosa canción que le ha escrito eh incluso cantado en vivo, las fans y los medios habían saltado ante el significado, pero como era de esperarse Bill había fingido muy bien lo de la conexión entre hermanos. Pero claro, ahora quería lidiar con eso y más, con fans incrédulas, con periodistas hambrientos y conductores morbosos que quizás morirían por escuchar sobre esa incestuosa relación.
—No… Bill… No me dejes, no, no me dejes.
Su hermano y amante.




Bill yacía recostado en la cama, justo en el centro, desnudo y con las manos sobre su vientre, además de las piernas abiertas. Su rostro ligeramente sonrojado y sudado por los juegos preliminares. Sus labios húmedos y ligeramente entre-abiertos se movían lentamente murmurando palabras hacia Tom, pero él no escuchaba, ni siquiera le miraba, pues estaba demasiado ocupado vaciándose casi medio bote de lubricante en su erección. En cuanto levanto la vista Bill dejó de murmurar, y cerró los ojos amenazando con caer en un sueño profundo.
Sin avisarle tan siquiera, se pegó a Bill colocando la punta en su entrada, aparentemente dilatada, pero igualmente que siempre estrecha y comenzó a ejercer cierta presión haciendo que Bill pegara un brinco levantando la cara.
—Tom… espera, no, con cuida.. ¡no! Joder, Tom.
—Shh, tranquilo, abre más las piernas.
—No soy de goma… ¡Ah! ¡Toom! Tomi, duele… duele… Uhhm.
—Está dentro.
—Uh… es muy grande… la siento —Bill dejó caer su cabeza en algo esponjoso y amortiguador que Tom había jalado de prisa para que estuviera mejor acomodado. Sus manos que al principio masajeaban el torso desnudo de Tom subieron hasta la cómoda y suave almohada, la misma donde su cabeza descansaba y se enterraron para soportar un poco mejor la corriente de pinchazos que corrían desde su entrepierna donde Tom entraba y salía con cuidado pero a la vez con fluidez, hasta sus rodillas donde Tom había colocado ambas manos abriendo más sus piernas.
Tom comenzó a hartarse de aquella melosidad y enrollando sus brazos en las piernas de Bill lo jaló más hacia él para profundizar la penetración un poco mejor, además de comenzar a hacerlo cada vez más rápido. La postura de Bill a su merced comenzó a ocasionarle una presión en el pecho que casi ni lo dejaba respirar, pero que a la vez, le ayudaba en la situación en la que se encontraban.
—Si… uhm… ¡má-a-¡ah!-ás! Más Tomi, uhm.
Tom tomó las caderas de Bill y presiono la yema de sus dedos en ellas. Bill cerró los ojos abriendo sus labios dejando salir el aire que había contenido en sus pulmones y arqueó la espalda enterrando aún más las uñas en la almohada.
—Bill… te…
Calló cuando escuchó como Bill comenzaba a sollozar en silencio. La poca melosidad de Tom lo había causado, pero aún y cuando él pensaba declararse, fue interrumpido y eso le quitó las agallas de volver a hacerlo.
Tomó las caderas de Bill y lo levantó pegándolo a su cuerpo, sus brazos cayeron flácidos hacia atrás mientras tomaba la sabana y la estrujaba entre sus manos. Tom abrazándolo con ambos brazos, lo mantuvo cerca. Su gemelo elevo los brazos con timidez acariciando la espalda y subiendo hasta enrollarlos en su cuello.
—Tomi, uhm…
—Lo sé, lo sé.
Tom se recostó sobre su espalda dejando a Bill, sobre su cuerpo.
Colocó ambas manos sobre el pecho libre de bello puberto de Tom y comenzó a deslizase sobre su pelvis. Hacia adelante y hacia atrás. Las manos de su gemelo estaban colocadas en sus muslos, masajeando lentamente sobre su dermis, provocándole calambres y pequeños jadeos. Se agacho hacia el rostro de Tom, encorvando su espalda, para tomar sus mejillas con ambas manos y dejar un cálido beso en sus labios. Cada vez sus movimientos fueron haciéndose más y más lentos hasta que se detuvo por completo, dedicándose a besarle la boca a Tom.
Tom enrolló sus brazos alrededor de la espalda baja de Bill y comenzó a embestir desde abajo a Bill que quien con cada embestida soltaba un gritito, un gemido, una palabrota y saltaba solo un poco para luego regresar a su lugar de inicio ayudado con las manos que lo sostenían por la cadera.
Sin siquiera decir alguna palabra Bill estalló en el vientre de Tom, quien aún no se detenía hasta satisfacerse a él mismo.
Bill que yacía ahora blando y cansado sobre el cuerpo de Tom, aún con las piernas abiertas y las manos colocadas en los bíceps de su gemelo que a comparación de los suyos, aquellos tenían una preciosa forma. Soltaba pequeños gemidos, sin embargo estos a diferencia de los anteriores ya se mostraban sin ganas, que a pesar de haberse corrido antes que Tom, aún disfrutaba de la fuerte y dura penetración que este estaba dándole.
Tom no tardó un poco más. Inmediatamente levantando su pelvis haciéndola chocar contra la entrepierna de Bill se corrió dentro. Tom soltó a su hermano quien no se movió ni un poco pero soltó otro gemido aún más delicado y entrecortado con la voz.
Tom no planeo alejarse de Bill, pues adoraba la melosidad de su gemelo, al terminar con ese tipo de sesiones.




Tom entró corriendo a la sala del hospital luego de su largo trayecto en su auto recordando su ultima vez de sexo, no, de hacer el amor.
Tras haber llorado como crio y cogido el teléfono de nuevo poniéndoselo en el teléfono solo le quedó escuchar un poco más de información.

¿Está muerto? ¿Cierto?
—Él está siendo trasladado hacia el hospital local, perdió demasiada sangre.
—¡Murió! ¡Murió y no quiere decirme! — Le grito al teléfono aventándolo a la pared destrozándolo.
Bill había muerto. ¿Qué si no? Los médicos forenses habían hablado.  Los forenses son los que examinan a los cadáveres ¿Cierto?
Bill es un cadáver.
—No…


Comenzó a dar giros sobre su propio eje sin saber como actuar. El lugar estaba a rebotar de gente para su mala suerte.
—¡Kaulitz! —. Gritó. Corrió con todas su fuerzas hacia la típica y obvia zona de información tropezándose con sus enormes pantalones holgados y con algunos pacientes/doctores/enfermeros/visitantes en su camino. En cuanto llegó se abalanzo al mostrador con casi medio cuerpo dentro del pequeño cubículo y le gritó a la enfermera cuarentona que se encontraba ahí. —Bill, Bill, búsquelo, ahora, apúrese.
—Eh… Bill ¿Qué?
—Bill Kaulitz.
Por Tom, los siguientes veinte segundos más largos y desesperantes de toda su vida.
—Piso tres. Pero sabe no puede pasar, es área restringida…
—Ándese a la mierda.
Girándose aún con el ceño fruncido, corriendo, pero más alivianado que antes subió al elevador aplastando todos los botones de un manotazo. Piso uno… Piso dos… Piso tres. La puerta se abrió y Tom pudo escuchar como su saliva pasaba por su garganta al ver el letrero de Urgencias al abrir la puerta.
Apenas dio un paso fuera del ascensor su corazón latió muy fuerte que tuvo que apoyarse un poco sobre la pared. Al bajar la mirada para mirarse sobre el pecho, vio aquel tatuaje en su mano. “0 6 2 0”. Las parecidas gotitas saladas antes habían brotado, comenzaron a fluir de nuevo de sus ojos. Bill le estaba o le había dejado ya.
Bill le había dicho que estarían juntos por siempre, que él no podría vivir en paz si algún día Tom le faltaba, y aunque Tom jamás le había contestado con el mismo tono —sólo con un “también yo” — él sabía y ahora sentía que tampoco podría vivir en paz si Bill le dejaba. La tonta conexión de la que tanto hablaba Bill funcionaba al cien, según sus palabras, pero ¿Dónde estaba aquella tonta conexión que le aviso sobre Bill? Exacto. No estaba, nada le había avisado sobre Bill, simplemente se quedó despierto esperando por él toda la noche y era claro que esa no era la conexión.
—¿Disculpe? ¿Se encuentra bien? —Una voz masculina lo hizo saltar un poco y se limpio las lágrimas seguido de la nariz que comenzaba a chorrearle.
—Sí, sí, yo solo vine por… Ah… ¿Bill Kaulitz? —Le tembló el labio terriblemente— Dígame por favor que está bien, dígamelo, ¡NO! ¡No me lo diga! ¡Está muerto! — Rompió a llorar de nuevo, golpeando la pared con las palmas de la mano y pegando la mejilla en esta, mientras sus ojos se cerraban con fuerza y se empapaba de lágrimas la cara y camiseta.
—¿Oh pero si eres tú Tom cierto? —Preguntó el doctor amablemente y con una tranquilidad excesiva que molestó a Tom por la situación — Calmate muchacho, él está bien, estable en realidad, descansando por la excesiva cantidad de anestesia que usamos.
—¿Anestesia? — Preguntó Tom sorbiendo su nariz con las mejillas sonrosadas y mojadas, aún tratando de controlar su llanto. ¡¿Estaba vivo?!
—El está en cama ahora, perdió mucha sangre, pero hemos podido parar las heridas. Tenía fracturas internas en lo que es el fémur, la tibia, y el radio. Tuvimos que operar de emergencia. Lamento el no haber esperado por ti, pero realmente debíamos hacerlo.
—Sí, sí—. Tom asintió sin mirarle aún—. Está bien… ¿Puedo…?
—Oh sí, el ha llegado balbuceando muchas cosas, entre ellas tu nombre. Supongo además de porque fue difícil encontrar a su familia, eres el único cercano.
Tom asintió. Se mordió el dedo nervioso, mientras caminaba como jodido ebrio tras el doctor que iba parloteando sobre algo del accidente, pero Tom no escuchaba porque Bill estaba vivo aún.
Su corazón latió muy fuerte, como cuando eres niño y esperas a Santa Claus en Navidad. Bill estaba vivo, y eso era todo lo que quería por ahora.
—… El forense ha sido quien ha encontrado tú número, decían que el teléfono celular de Bill estaba totalmente destrozado, pero habían podido extraer su información. Al igual que el teléfono el auto quedó totalmente destruido, es un milagro que Bill haya sobrevivido.  Tuvimos que practicarle exámenes de sangre para demostrar si había alguna sustancia nociva en su sistema, cosa que en los resultados salió negativo. Ahora está dormido y te recomiendo que no le despiertes pues hay contusión  cerebral y se puede presentar una pérdida de memoria temporal o severa, aún no sabemos con exactitud, pero suponiendo que pueda existir, sería de gran impacto para él, ver a alguien que realmente “no conoce” o tiene la sensación de conocer y no recuerda. En caso de que no le has despertado pero por si mismo lo hace, llámanos enseguida. — Palmeó la espalda de Tom y le sonrió mirando su tabla con los resultados de sangre de Bill.
—Gracias.

[Play:
http://www.youtube.com/watch?v=GhIs_nnlucE ]

Y con eso Tom, totalmente aturdido por toda la información que acababa de recibir de golpe, entró a la habitación de Bill para verle conectado a tantos aparatos. Corrió hasta él y se abalanzo sobre el cuerpo delgado que yacía inconsciente en esa cama de hospital tan fría y fea. Debía ir a alegar para que le dieran mejor cuidado a su ¿novio?  El insistente sonido del aparato que marcaba el pulso cardiaco, le ponía los pelos de punta. Podría dejar de sonar tan entre cortadamente para dar paso a un sonido que podría separarlo de Bill.
Tomó una silla realmente fea y posiblemente vieja, que estaba en la habitación y la colocó al lado de la cama de su gemelo sentándose tan cerca de él como le fue posible.
­­—Oh Bill, no, mírate, ¿Pero qué has hecho? ¿Cómo sucedió? ¿Qué sucedió? No debí haberte dejado solo ni un momento. Yo debí haberte respondido…  ya sabes, antes de irme así, tu me has dicho ‘te amo’… Y no te respondí… yo, uhm ¿sabes? —Tom sorbió de su nariz, la cual empezaba a moquear de nuevo y sus lágrimas comenzaban a caer de nuevo. El jodido Karma — Yo también — Sonrió tontamente, tomando la mano flácida de Bill que se encontraba descansando a un costado de todo su inmóvil cuerpo —, yo también te amo, mucho… como tú a mi… sabes de lo que hablo ¿no? Me gustas Bill — Agachó la cara ante eso y el color de sus mejillas subió de tono, notoriamente —, desde que éramos unos niños, quizás, desde que tú me golpeaste con el bate de beisbol en el estómago y caí a la piscina ahogándome como un imbécil, ¿recuerdas que tuviste que echarte a ella y sacarme de ahí, a pesar de que está no tenía más de un metro y medio de profundidad, solo porque no sabía nadar? — Tom rió por lo bajo aún con la cabeza agachada y acariciando lentamente la mano de Bill, mientras que en ocasiones se sorbía la nariz —, desde aquella vez, que tuviste que darme una respiración boca a boca, yo, supe que te quería Billy, mucho, porque desde esa vez, siempre tuve ganas de besarte, que estuvieras conmigo siempre. Ya sé que nunca te lo dije, incluso evadía tus ‘te amo’, tus abrazos, tus miradas, y…
Calló unos momentos y se soltó a llorar como un bebé asustado y temeroso. Sus hombros se sacudían violentamente y sus sollozos eran algo fuertes. Con la mano libre se limpio las lágrimas, mientras que con la otra apretaba su agarre con la mano de Bill. No quería soltarlo porque sentía que lo perdería.
Se agachó lo suficiente para tomar con ambas manos la delicada, suave y bien cuidada mano de Bill, la besó y se recostó sobre ella. Cada vez sus jadeos lastimosos se hacían más fuertes y muy penosos para cualquiera que pudiera entrar en ese momento.
—Billy, no me dejes, me dijiste que no me dejarías. Tú dijiste que creías que estaríamos juntos por siempre, que yo…  No, dijiste que lo nuestro era especial. Quédate conmigo Bill — Gritó contra el suelo.
La suave piel que estaba sosteniendo con euforia comenzó a moverse un poco, haciéndolo callar de golpe, aflojo el agarré y la mano ahí, salió libre con delicadeza, como si le molestara el calor profundo que la piel de Tom le brindaba.
Tom se apartó de golpe y levantó la vista viendo a Bill sentado sosteniendo la mano que él tenía entre las suyas con la contraria, apegada muy bien a su pecho, como si quisiera protegerla de algún objeto filoso que pudiera cortarla. Lo estaba mirando con unos ojos completamente extraños.
—T-tú
¿A caso no le reconocía? Lo dudaba por esa mirada tan confundida.
—¿Bill, estás bien?.
—No…
Sin pensárselo un poco más, Tom con la cara aún más mojada e hinchada que antes, se levantó rápido de la silla para buscar a ese doctor un poco chocante, cuando sintió una mano totalmente huesuda rodear su muñeca y apretarle fuerte.
—Bill…
—Tú… tú lo has dicho.
Tom tragó saliva fuertemente, tanto que se lastimo así mismo y tuvo que toser un poco, regreso a la silla vieja junto a la cama de su gemelo y sostuvo muy fuerte la mano. Bill si lo reconocía, lo que no reconoció eran las palabras que había escuchado salir de la boca de su hermano.
—Tú, has dicho que me amas — Y dicho eso se soltó a llorar, tan molesto y enojado con Tom — ¿Por qué me haces esto?
—¿Qué? ¿Hace qué?
—¡Esto! Tú no me amas — negó con la cabeza agachada — Tú siempre me has tratado tan normal, no me quieres, tú lastima no me salvaría.
Tom tomó los hombros de Bill y lo acerco más a él para darle un beso en los labios muy diferente a los que se habían dado a lo largo de los dos años que llevaban con acostones y fajes. Este fue diferente y Bill lo sintió. Las manos del mayor de los gemelos acariciaron la espalda de Bill y lo sostuvieron fuerte para luego levantarlo un poco más y apegarlo a su pecho con algo de posesión. La presión de sus labios fue rota por el menos que comenzó a abrir los labios meciéndolos de un lado a otro. Tom no tardó en hacerle el compás al ritmo de aquel beso lleno de ternura que estaban compartiendo por primera vez, sin algo de lujuria.
Bill comenzó a temblar y tomó una de las trenzas de Tom tirando de ella hacia abajo, haciendo que este rompiera el beso ante tal acto despiadado.
—Ow. Dolió.
—Te lo mereces y más.
—Secundo —Dijo asintiendo.
Bill tenía el ceño fruncido, y en cuanto Tom se alejo lo suficiente, se cruzó de brazos dejándose caer lentamente sobre la cama de nuevo, desviando la mirada de su hermano que le veía tan directamente.
—Bill yo…
—Cállate.
—Bien — Asintió Tom y bajó la mirada a su regazo.
— ¡Eres un maldito Tom! —Explotó levantándose un poco y luego se retorció de dolor — ¡Auch! Duele.
—Te han operado sabes, no es bueno que grites ahora.
— ¡Oh! ¡Oh! Gracias por el informe — Rodó los ojos y se tiro en la cama de nuevo. —¿Por qué ahora? — Preguntó mirándole por el rabillo del ojo.
—Porque, no te lo había dicho.
—Oh, no me digas.
—Bill, no te cabrees, solo, no podía decirlo.
—Podías.
—Sí, pero me negaba a aceptarlo. Soy un cobarde y lo sabes. Y siempre que estaba totalmente dispuesto a decirlo, algo me interrumpía ¿Sabes? Yo creí que lo sabrías, desde la primera vez que te arrastré a mi habitación.
—Pues que yo sepa, arrastrar a alguien a tu habitación, no es una declaración ni una propuesta —Tom se sonrojó hasta la raíz del pelo —, ni siquiera sé por qué te reprocho —. Tom levanto la comisura se sus labios, ante ese cambio. Sabía lo que venía. — Demasiado tarde, pero mejor. —Sonrió.
—Nunca es demasiado tarde.
—Claro que sí, cuando un tráiler viene sobre tu carril y tengas que volcarte solo para no provocar un maldito choque… ¡Casi muero! Au.—Exageró los movimientos de sus manos.
—No te muevas tanto —. Tom se levantó de su lugar y acomodó las almohadas de Bill para que este pudiera verle mejor.
—Entonces… — El menor carraspeo y entrelazo los dedos de su mano con la de Tom que se encontraba a su alcance — ¿Lo sabías?
—¿Qué escuchaste, exactamente?
—Uhm… todo, pero ¿Lo sabías?
—Sí, siempre lo supe.
—Creí que eras más torpe de lo normal.
—Pues ya ves que no.
Ambos rieron un poco y se quedaron en silencio después.
—Bill.
—¿Qué?
—Anda conmigo.
—No, ¿Por qué debería? Tú señor ‘me asusta lo que digan de mi’
—Pero ahora ya no. Estoy consciente que no podemos salir así en público, pero yo… te amo de verdad, no como hermano, no, si no como, pareja. ¿Quieres?
Bill gimió bajito  y cuando se dispuso a contestar, el doctor acompañado de unas tres enfermeras interrumpió entrando en la habitación. Le sonrió a Tom quien era llevado casi a la fuerza hacia afuera de la habitación y le asintió levemente. A lo que el otro soltó un suspiro antes de que le cerraran la puerta en la cara.


Nota: Este One-shot, salió por el supuesto accidente que Bill tuvo hace unos años, lo recordé un día de estos y sentí mucha pena sí... eso._.
Bueno. Espero les haya gustado ;wwwww;

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