sábado, 14 de septiembre de 2013

Twoshot: Ilusión.




             "Iba a la escuela de vestido, en la escuela de arte, y mi día era completamente
              diferente porque todos pensaban que era una chica. Deberías verme como 
              una chica. Entonces fui como una chica, como si fuera un experimento y 
              funcionó bastante bien y todos eran muy buenos conmigo pero no podía hablar, 
             claro...sabes, los conductores de tren eran muy amables conmigo en mi viaje...HA! 
             me veía sensual como una chica!" - Gerard Way 



Twincest: Tom & Bill Kalutiz.

Nota: Travetismo y violencia.





Caminé pisando como si debajo de mi hubiera un campo de minas explosivas. Colocaba un pie y casi rápidamente me sostenía de la pared. Llegaba tarde a clases y la maestra quizás me mataría, quizás no por mi perfecto atuendo, sabía me felicitaría tanto que olvidaría mi notable retardo.

Resoplé aventando unos cabellos lejos de mi frente y la peluca me picó, picaba horrible así que me rasqué como loco por todo su contorno y volví a concentrarme en caminar. Estiré la pierna y con el tacón de la zapatilla golpe el azulejo antes de dar mi siguiente paso, pero ni bien, mi pie se torció y caí al suelo con mis libros regados por el pasillo. Casi me suelto a llorar. Casi.

—¡Hey! ¿Estás bien?

Negué con la cabeza y me mordí el labio —pues se supone que mi proyecto era ser una chica y mi voz no lo era como tal, entonces la ‘timidez’ era la única opción—, y me concentré en levantar los libros tirados.

—Déjame ayudarte. — Él se arrodillo junto a mí y comenzó a levantarlos con mucho más velocidad que yo. Lo había visto algunas veces antes, pero tenía una cara de mamón que prefería que le dieran por culo. Pero hoy se veía diferente.

En cuanto todos mis libros los tuvo en su regazo sosteniéndolos fuerte con su brazo, se puso de pie y estiro su mano libre para ayudarme a levantarme. Sonreí en señal de agradecimiento, poniéndome de pie e intenté tomar mis libros para llegar a clase, pero él se giró con mis libros y negó con la cabeza.

— Yo te ayudo.

Sonreí y comencé a caminar, él me siguió y comenzó a incomodarme un poco. ¿Realmente me veía como una chica? Porque si de verdad lo fuera, sabría que estaba coqueteando conmigo. A pesar de que ahora estaba interactuando con alguien, no podía quedar como un perdedor que se viste como chica para el proyecto a escoger de su escuela, al contrario, debía disimularlo tan bien, tenía que creérsela. Intentaba  caminar lo mejor que podía con los tacones sin caerme y cuando veía la oportunidad, me sostenía disimuladamente del alguna pared, o algún casillero, pero lo demás era espacio vacío llamándome a acompañarle.

— ¿Sabes? Nunca te había visto por aquí, ¿Eres nueva cierto? — Asentí mintiendo y él se rió. — Creo que eres muy tímida, ¿Eres de primer grado? — Suspiré y negué con la cabeza. — ¿Segundo? — Reí y negué de nuevo. — ¿Tercero? — Asentí. — ¡Oh genial, yo también! Estoy en música ¿También tú? — Negué con la cabeza.

Después de mil ruegos, llegamos a mi salón de teatro y le sonreí extendiendo mis brazos para que me diera mis libros. Él miró el salón y lo señaló, yo asentí frenéticamente y tomé mis libros arrebatándoselos para irme de ahí rápidamente pues él parecía no querer hacerlo.  Mis mejillas estaban ardiendo y esa definitivamente no era una buena señal.

— Ya veo, vas en teatro. Bien, señorita actriz, por lo visto eres demasiado tímida y para teatro eso no funciona, ¿Te gustaría que arregláramos eso? —Asentí. — Por cierto, soy Tom.

Y cuando menos me lo esperé,  estaba sentado en el pupitre del salón escuchando a la maestra —que me había felicitado por mi aspecto—, con una nota en mis manos del lugar, la hora y el día señalando algo importante. Una cita.

***

—Yo creo que estás loco.

—Cállate, Andy.

—Por favor, no lo hagas, no puedes hacerlo, es una locura, ojalá se te caiga tu teatrito esta noche.

—Basta ya, por favor.

Tomé el vestido color negro pegado que había comprado para la ocasión y entré en el. Este se deslizó suavemente por todo mi cuerpo y se entalló dándome una figura muy bien definida. Lo estiré, lo acomodé, y le pasé las palmas sacudiéndolo.

Tomé la esponjita que reposaba en mi tocador y la pasé por mi maquillaje en polvo tomando un poco de cantidad y comencé a esparcirla por toda mi cara con cuidado, colocándolo bien, por mis pómulos, frente, mejillas, nariz, y barbilla. Dejé la esponja donde estaba y con las manos me comencé a esparcir el exceso de maquillaje, por toda mi cara.

Tomé el delineador colocándome una buena cantidad por la parte superior e inferior del parpado, tanto como afuera como por dentro. Sombra sobre este difuminando con una brocha y rímel en mis ojos.  Mis uñas tenían el estilo de punta francesa y todo eso me hacía lucir muy bien.

Mi cabello estaba recogido en una red, haciendo que nada saliera de su lugar y la peluca rubia entró en acción, coloqué pasadores alrededor y le di un toque natural.  Pero que guapa había quedado.

A la mirada era cautivadora y eso lo noté al ver como Andreas comenzaba a callarse la boca con solo verme.

Sonreí gustoso y caminé de puntitas hacia el closet sacando un par de botas medio góticas que me llegaban un poco más arriba de la pantorrilla. Me las puse con cuidado para no arruinar y jalar las medias naturales que llevaba puestas, subí el cierre de ambas y me sentí más alto y esbelto.

—¿Qué dices? — Alcé los brazos y modelé girándome hacia los lados, de perfil, de espaldas, colocando las manos en mis caderas y lo miré sonriente.

—Yo sigo diciendo que no lograrás nada con esto. ¿Cómo crees que caerá así porque sí? Nadie en sus cinco sentidos te diría que no Bill, bueno, vale, él lo hizo pero ¿Por eso debes actuar así? — Se levantó y me hizo caminar hacia la cama empujándome para que me sentara y así evitar que me fuera, aunque sabía que sucedería. — Además Tom nunca se es de fiar.

—Eh conseguido varias citas con él, así que calla, eh logrado algo. Sé que le gusto y quizás hoy seamos novios ¡Seré su novio! Bueno, novia en realidad—Solté una risita y comencé a practicar mi voz de chica de la cual colgaba todo lo que había logrado hasta ahora. — No me mires con esa cara, sabes que todo fue por un estúpido proyecto de teatro, él se me acercó solo, jamás me le insinué. Bueno, cuando después de conocerlo con vestido, intenté acercarme como Bill pero ya sabes lo que pasó. Y vamos, ¿Cómo no enamorarse de él? Fue muy amable conmigo como Bella, y bueno, salió la primera cita, luego la segunda y uf, conmigo él es bueno.

Andreas me miró mal por la estúpida voz aguda fingida que salía de mi garganta y por como me movía. Definitivamente con los meses de práctica y el esfuerzo que le ponía, realmente era una chica. Y era Bella.

—¿Sabías que ocurrirá lo peor cuando descubra lo que llevas debajo de ese vestido? — Me puse de pie y con los tacones de las botas, era mucho más alto que él.

—Ya sé, no tienes que decírmelo. Planearé algo para entonces, ahora solo déjame salir con él. Me gusta enserio. —Me puse serio recordando mi problema de todos los días.

Es verdad, no tenía un plan específico para cuando Tom descubriera que detrás de toda la ropa de chica, el peinado, zapatillas y maquillaje, estaba yo. Pero mientras no lo notara todo estaba bien. Porque enserio me gustaba y todas las citas las había sentido enserio e incluso el proyecto en la escuela me ayudaba.

Debía ir vestido de un personaje y bueno yo era Bella. Una chica con cara bonita, rubia, inteligente, pero plana. Demasiada plana aunque intentaba ponerme un poco de pechos. Más sin embargo eso no parecía importarle a Tom y eso me hacía creer que me amaba de verdad.

El timbre de la casa sonó y grité como loco pegando una palmada en la pared. Abrí la puerta y corrí —con el tiempo, mis pies acostumbrados a las zapatillas ya estaban—, y bajé las escaleras de dos en dos.  

—¡Bill! —Gritó Andreas desde el principio de las escaleras. Yo le miré mal y coloqué una mano frente a mi cara.

—Por favor, no me cagues la noche. — Fruncí el ceño y tomé la bolsa que colgaba del perchero, un conjunto del vestido que llevaba esa noche.

—No te planeo abrir cuando llegues—. Me giré de nuevo hacia él y le gruñí con los labios llenos de gloss rosado.

—Por eso —estiré mis manos con las llaves, haciendo un sonido metálico con ellas—, llevo mis llaves. Adiós Andy, no me esperes despierto.

Abrí la puerta y una mano me sorprendió tomándome de la cintura, pegándome a un cuerpo bien trabajado, supe enseguida de quien se trataba y cuando esos labios se acercaron a los míos los acepté besándole con cariño, tomándole de los hombros y pegándome aún más a su cuerpo.

Iba tan sexy de color blanco. Siempre era un color diferente y esta vez era blanco. Su gorra, bandana y playera siempre debían combinar. Y a él todo le quedaba. Y aunque su sudadera tapaba casi toda su playera, había notado que era blanca. Me mordí el labio recordando que le había mencionado que el blanco era un color que me parecía demasiado erótico y pasional.

Tom mordió mi labio para sobarme la curvatura de mi espalda baja y se separó de mí para mirarme a los ojos. Pero su ceño se frunció al ver detrás de mí. Giré mi rostro para mirarle sin soltarme del agarré de Tom y con mi voz aguda reclamé:

—¡Andreas! ¡Shu! vete, te dije que llegaría tarde. — Agaché la cabeza y le miré con unos ojos que quemaban.

—Sí, solo vine a cerrar la puerta que dejaste abierta. Adiós… Bella. —Cerró la puerta de una patada y yo me removí incomodo en los brazos de Tom y él carraspeo haciéndome voltear a verlo.

—Insisto, no me agrada para nada.

—¿El qué? —Fruncí los labios y me separé un poco de él.

—Él—señaló la puerta atrás de mi—, que viva contigo, no me gusta para nada Isabella, ¿Por qué no vives en otro lado? ¿Andas con él? — Rodé los ojos y negué con la cabeza. Tom era de un plan posesivo y me gustaba mucho así, pero con Andreas era imposible no sentirme enojado, pues solo era un amigo que vivía conmigo de años. Pero por más que le decía a Tom, él no entendía.

—Ya te dije que no, no seas celoso. —Rodé los ojos— ¿Nos vamos? —Le corté antes de que quisiera patear la puerta y entrar para ahorcar a Andreas.

—Vamos.

Tom manejaba una moto algo rara, era ruda, y a mí me causaba ganas de vomitar, odiaba subirme en ella y más con él, pues amaba la  velocidad e iba demasiado rápido y si le insistía en que dejara de acelerar, se burlaba de mi y aceleraba más.

Como siempre, Tom se sentó en ella, acomodándose, dándome su casco y me abrí de piernas para subirme en la moto, acomodándome el vestido y asegurando mi pequeño bolso. Apenas sentí como Tom se movía, me coloqué el casco rápidamente y me abracé a su cuerpo como si me quisieran arrancar de él. La moto rugió y apreté los ojos casi igual que mi agarré a su cuerpo. Su risa llegó a mis oídos y sus manos tomaron las mías y aflojaron el agarré en su cuerpo, pero sin dejarle que me quitara las manos de su cuerpo volví a abrazarle.

Dejó eso en el olvido y arrancó con una velocidad que sentí como si me resbalara de la moto. Comencé a pensar en cosas bonitas para olvidar el maldito temor que tenía al ver el asfalto pasar rápidamente bajo mi cuerpo. El vestido estaba bien sujeto y no se levantaba, mi bolso estaba pegando entre nuestros cuerpos, nada se salía de control excepto mi cordura. Sentía que me daría un ataque de pánico y entonces ahí si saldría volando por soltarle.

Alcé la vista y el camino se me comenzó a hacer conocido casi al instante, íbamos a su casa. Me mordí el labio y recordé las últimas visitas que le había hecho. Una cena, un baile y unos besos en su sofá. Películas románticas y cursis, o de terror y acción.

Siempre que Tom intentaba tocarme más allá, me dejaba llevar solo hasta que su mano quisiese tocar mi entrepierna, pues claro, la sorpresa que se llevaría no sería muy grata. Me dio un escalofrío y acaricié su torso con mis manos sin soltarle. Tom río y aceleró más. ¿Cuál prisa? Me reprimí las caricias y me aguanté.

Llegamos enseguida a la acera frente a su casa y me bajé como si la moto de Tom me estuviera quemando, quitándome el casco, temblando como gelatina, se lo di —casi aventándoselo— al instante.

—Tranquila, Bella. No te pasará nada conmigo. — Se burló guiñándome un ojo y apagó la moto dejándola en la entrada de su casa con candado.

Le miré mal y me giré para acomodarme el vestido sobre la entrepierna. Me peiné y acomodé mi cabello medio largo hacia atrás, escuché que dejaba todo en su lugar y caminaba hacía mi. Me quedé parado con una pose típica de una chica enojada.

Me abrazó por atrás y se acercó a mi oído besándome los nervios de la nuca por sobre mi cabello.

—¿Te has molestado, cariño? — Yo apreté los labios y giré más la cabeza, hacia el lado contrario, de donde él intentaba verme.

—No. —Respondí recordando el lenguaje raro de las chicas.

—Ya. —Me tomó de la cintura y me pegó a su cuerpo, causando en mí, un sobresalto que me costó la dignidad, pues noté algo muy bien proporcionado chocarme en el trasero.

Y lo peor es que no era la primera vez que le dejaba así y odiaba hacerlo. Por suerte mía los vestidos me simulaban muy bien las erecciones que Tom me provocaba con su boca en la mía y sus manos en mi cuerpo.

Su mano en mi cadera bajó acariciando mi curva y atrapó con la palma de su mano mi trasero. Me exalté  y me giré hacia él apartando su mano, pero su fuerza era más que la mía. Me abrazó aprisionando mis brazos en su cuerpo y con ambas manos me sostuvo de la cintura, para luego palmearme una nalga y guiarme hasta su casa.

Tom nunca se había portado de esa manera conmigo y eso comenzó a incomodarme. Me encogí entre hombros y dejé que me empujara hacia el interior de su casa. Caminé con mi costumbre y cuando estaba por sentarme en el sofá para zafarme de lo raro que se estaba comportando, me jaló del brazo y me giró hacia él.

Mis labios fueron presionados por los suyos, con una presión demasiado excitadora  y provocativa. Gemí suave y sus manos masajearon mis caderas. Cerré los ojos y coloqué ambos brazos alrededor de su cuello.

—¿Quieres ver una película? — Preguntó romántico y olvidé todo lo demás. Asentí y me deje abrazar por él. — Bien, tu la escoges y yo voy por palomitas y soda.

Caminó hacia la cocina y se encerró ahí unos momentos, mientras yo revisaba cuidadosamente el estante de los discos, buscando alguna buena que ver. La mayoría eran de acción y comedia, por lo que me resigné a no ver una de amor por esa ocasión.

Coloqué el disco en el DVD y la película comenzó a rodar. Enseguida apareció Tom con un tazón lleno de palomitas de mantequilla y dos vasos de soda. Me sonrió y le sonreí sintiéndome tan enamorado de repente y el cosquilleo en mi estomago, que veía sintiendo de días atrás, se intensifico.

Comenzamos a ver la película, yo recargado en el pecho de Tom, entre sus piernas y este abrazándome por el abdomen, pegándome más a él. A los primeros veinte minutos, estábamos riéndonos como locos —claro que yo disimulando mi verdadera risa—, comiendo palomitas, tomando refresco, jugando y dándonos pequeños besos de vez en cuando.

—Me encanta esta película. — Reí y tomé otra palomita para comerla.

—Igual yo, pero más me encanta estar contigo así.

—Vale Tom, basta — Me ruboricé y él lo notó besándome la punta de la nariz.

La película terminó y me levanté de entre sus piernas y me estiré con cuidado. Tom tomó mi cintura y se levantó detrás de mí.

—Eres hermosa.

Reí y tomé todo lo que habíamos utilizado para dejarlo en la cocina, pero Tom me seguía. Alcé una ceja mirándole asombrado y se acercó de nuevo a mí pegándose a mi espalda.

En esa misma posición presionó de mi cuerpo y comenzó a andar en dirección hacia las escaleras conmigo entre sus brazos.

Besó mi cuello y luego me giró para quedar frente a frente. Mi mirada quedó atrapada por la suya. Sus ojos me miraban algo extraño, me veía completo y luego me miraba a los ojos.

—Eres mía.

Me levantó de los muslos haciendo que instintivamente colocara mis piernas alrededor de su cintura. Me gustó, pero enseguida sentí la incomodidad de la situación. Algo se me estaba saliendo de las manos, no iba bien.

—Tom, para. — Exigí intentando bajarme de él, pero se hizo el sordo, jalándome hacia su habitación haciendo que mis tacones se arrastraran en el suelo. —Tom, no.

—Shh, será divertido, ven.

—Que no quiero, ya te lo eh dicho.

—Bella, no seas así, ¿Acaso no me quieres? — Tom me miró serio y jaló de mi brazo. Esta vez no puse resistencia, pues su pregunta rondaba en mi cabeza. Claro que le quería, pero no quería esto, sin embargo si le detenía me dejaría y tampoco quería eso.

—Pero, es que no estoy lista.

—¡No hay que estarlo para esto! Vamos Bella, prometo que te gustará. Además te tengo una sorpresa. —Sonrió y me besó rápido en los labios-

Tragué saliva y mi esperanza se rompió en muchos pedazos y muy pequeños. Lo que había predicho Andreas antes de salir de casa, se haría realidad. Él lo sabría y entonces todo habrá terminado.

—Sí, creo que yo también te tengo una sorpresa. — Mi voz se quebró y Tom lo notó, pero lo dejó pasar jalándome del brazo.

Entramos a su habitación y se quitó la gorra y sudadera dejándome ver su playera del mismo color que la bandana, pero esta vez nada me parecía erótico y pasional, al contrario, estaba más nervioso porque no sabía como terminaría con todo.

Tom se acercó a mí y tomando mi rostro me besó con fuerza. Mi mente se bloqueó momentáneamente, dejándome llevar por el beso. El peso de su cuerpo me empujó y caminamos hasta caer contra la cama él sobre mí. Y entonces ahí mi pesadilla empezó.

—Tom, no. — Él se separó de mí, y se apoyó en su codo para mirarme fastidiado.

—¿Ahora qué?

—Es que yo no…

—¿Eres virgen? — Me miró con atención y me incomodé sentándome sobre la cama.

—No, bueno sí, pero no es eso. Es que yo, debo decirte algo.

—¿Y no puede esperar? Vamos —se acercó a mí y besó mi quijada bajando por mi cuello y me recostó nuevamente —, no sabes cuánto deseo esto.

Me mordí el labio y colocando mis manos en sus hombros le empujé de nuevo.

—Bella. — Resopló molesto y se sentí alejándose de mí.

—No lo siento, yo no puedo. — Mi voz fingida estaba partiéndose, debía terminarlo ahora. Aclaré mi garganta y por primera vez delante de él, Bill habló. —Perdóname.

Tom me miró perplejo y aunque no había mucha diferencia de voz entre Bella y Bill, la mía verdadera era notoria.

—¿Qué carajo?

Me levanté de la cama arreglando el vestido, estirándolo y luego le miré. Estaba sentado, mirándome confundido y sudoroso, se veía guapísimo, tuve que morderme el labio para no aventarme a él.

—Soy un chico.

—¿Qué? — Vi un ligero tic en su ojo y como se reincorporaba rápidamente. Incluso, casi se tropezaba con sus pies. —¿Estas jugando, verdad? Bella, ven acá y sigamos haciendo lo de hace unos momentos, no me agradan tus bromas. —Rodé los ojos y negué con la cabeza.

—No soy Bella, soy Bill. Mi nombre es Bill.

Su rostro se puso totalmente rojo causándome un temblequeo en las piernas, por lo que caminé un poco sosteniéndome de algo y quitándome las zapatillas.

Suspirando tomé el filo de la peluca pegado a mi cabello, sacando uno a uno los pasadores y la saqué dejando ver mi melena negra en la red sobre mi cabeza. La quité y este calló sobre mi rostro.

El apartó la mirada un momento, entonces supe que ya había dado con quien era, luego su vista la regreso cuando me metí las manos dentro de lo que sería mi busto, saqué mi relleno simulador de pechos y deje ver lo plano que estaba.

Yo no era una chica y ya lo había notado claramente.

—¿Por qué? ¡¿Por qué hiciste eso?! Marica de mierda, yo no soy como tú, ¡Conmigo no debiste meterte, no debiste! Yo… por dios, ¿Cómo no me di cuenta? Maldita sea, no soy un maldito gay como tú. ¡Tú culpa!

—¡Alto! Que yo no fui. Tú te me has acercado e invitado a salir, yo no te eh dicho nada…

—Cállate.

—Tú me has seguido, yo te intenté hablar como chico ¿Y sabes lo que has hecho? Ni siquiera me has dejado hablarte completamente, me has ignorado por completo. ¿Qué rayos sucede contigo? No me culpes a mí.

—¿Quién se ha vestido de chica?

—Era un proyecto, un proyecto el cual acabó hace unas semanas, sin embargo debía seguir yendo así a la escuela para llamar tu atención.

—¿Mi atención? Eres un marica, te eh besado, tocado y casi hemos tenido sexo. Solo has actuado para complacerte a ti mismo, no pensaste en lo que sucedería. Pésima broma, pésima. No quiero verte, ¡Lárgate de mi casa! ¡Fuera!

—No, no, jamás actué contigo. Mis actitudes eran sinceras, mi proyecto no era besarte ni dejar que me tocaras, pero me enamoré de ti. — Tom se tapó los oídos evitando escucharme y mis ojos se aguaron. La primera lágrima rodó por mi mejilla llevándose el maquillaje de mi ojo. — Lamento haber jugado contigo. Debí habértelo dicho.

Tom no contesto y se adentró al baño dejándome solo en su habitación. Escuché como tiraba cosas y luego unos jadeos suyos. Me quedé parado en el marco de la puerta esperándole. No tardando salió de baño, completamente sudado y con la cara mojada de agua y me enderecé lo mejor que pude olvidándome de los modales que una chica pudiera tener. Esperé algún ‘perdóname’, ‘no me importa que seas un chico’, lo que fuera, pero nada de eso llegó.

—Te dije que te fueras. —Respondió seco.

—No Tom, espera — Mi voz sonaba diminuta por el llanto que se apresuraba a salir en forma de quejidos, mojándome las mejillas, con el dorso de la mano me las lágrimas e intentaba acercarme a él. — Perdóname por esto.

—No, no, cállate. Vete — Se dirigió hasta mí y me tomó del cuello apretándomelo con fuerza dejándome casi sin aire. Le tomé del brazo que me sostenía y rasguñe intentando que me soltará, pero no lo hacía, pretendía matarme o yo que sé, pero el aire me comenzaba a faltar.

—Tom.

—Vete, vete, vete. — Caminó conmigo y llegó hasta la puerta. Me alarmé y comencé a llamarle con un llanto intenso y con suplicas entre cada intento de respiro para tomar aire. Abrió la puerta y me soltó justo ahí.

—Tom, por favor. — Logré articular sin dejar de toser.

—¡Déjame! — Y me empujó con fuerza hacia la acera de su casa, tirándome al suelo y aventando conmigo mí bolso, la peluca y las zapatillas que me había quitado antes. — ¡No vuelvas a acercarte a mí, a mi casa, a mi auto, o a algo que tenga que ver conmigo, marica enfermo! ¡Aléjate de mí!— Y cerró la puerta.

Algo fuerte se rompió dentro de mí y el cielo iluminó todo, soltando lágrimas igual que yo.

Mi tiré por completo en el suelo y comencé a llorar desesperado. Todo había acabado  muy mal.

Las lágrimas y la lluvia bañaban mi cara y el maquillaje corrido me hacían ver aún más espantoso y terrible. Saqué el móvil de mi bolso y marqué a Andreas, me lo había advertido, pero era el único que podía ayudarme ahora.

—¿Alo, Bill?

—Sí. — Mi voz sonó demasiado débil y él explotó.

—¡Te lo dije! ¡Te dije que sucedería, pero no quisiste escucharme! ¿Te ha hecho daño? — No respondí. — ¿Bill? ¿Dónde estás?

—Andy, ven por mí.

—¿Dónde estás?

—Fuera de su casa. Ven Andy, ven por mí. — Y volví a llorar como un bebé.

Creí desmayarme por un momento, mis lloriqueos ya no los escuchaba, solo la lluvia que me golpeaba la cara y golpeaba el pavimento. Me había arrastrado por mis cosas y las tenía abrazadas a mi cuerpo como si fueran una posesión muy costosa. Las acariciaba. Mi mirada estaba perdida en un punto en la nada.

Seguía tirado frente a la casa de Tom, pero ahora no volteaba, estaba temblando abrazando mis piernas, recargado en un poste, esperando a Andreas.

Un coche medio viejo color negro se detuvo enfrente y Andy salió corriendo importándole poco que hubiera un monzón fuerte. Se acercó a mí y en cuanto me vio su ceño fruncido se relajó, haciendo que las cejas se estiraran.

—Oh, Bill.

—Se acabó.

—Bill, te lo dije, te lo dije.

—Se acabó, Andy, se acabó. No quiero verle.

Mi mente se abrió y comenzó a funcionar. Tom no estaba enamorado de mí, no se había enamorado de Bella, él quería sexo, por eso siempre me tocaba, por eso siempre fue bueno, por eso la caballerosidad, él no se enamoraba. Andy tenía razón. Tom no es de fiar.

Y de verdad no quería verle más.



Nota: Bueno, esta fue la primera parte de twoshot. En realidad es oneshot, pero si desean saber la versión de Tom y lo que pasará será twoshot. Sé que fue demasiado rápido, pero si lo hacía más largo, se haría un relajo. Entonces espero les interese saber/conocer la segunda parte de este oneshot. Un beso :*

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