Hey, lamento habe tardado para subir este capítulo.
Estaba de viaje y bueno, ya se imaginarán, pero ya lo
Estaba de viaje y bueno, ya se imaginarán, pero ya lo
tengo terminado, no sé, espero les guste pues lo eh
hecho con prisa :( y dejen un comentario. Besos.
Capítulo
dos: ¿Más cartas? ¿Para mí?
Oliver tenía ya una semana viviendo en su nueva casa y nada
era como lo soñado. Debía levantarse temprano para correr a la cafetería y
trabajar como esclavo, dejando un verdadero desastre en su casa, y para
arruinarlo un poco más, su turno era completo, por lo que llegaba de noche y
era demasiado flojo como para recoger y acomodar lo que estuviera fuera de
lugar, lavar los trastos, barrer, trapear o lavar su ropa –aunque por suerte
existía la lavadora, aunque aún así era demasiado perezoso para echarla–.
Sus días libres eran los sábados y gracias al cielo por fin era
sábado.
Estaba tirado en su sofá boca abajo, con su móvil en la mano
revisando sus mensajes y borrando algunos otros. Tenía hambre, pero no tenía
nada que comer, ya se había levantado alrededor de tres veces al refrigerador
encontrando solo atún y mayonesa. Había
olvidado ir al supermercado por algo de despensa para subsistir.
Estaba un tanto chocado, no tenía
nada que hacer y su televisión pequeña aún no agarraba bien la señal. Estaba a
punto de quedarse dormido cuando escucho el timbre sonar insistentemente, como
si el dedo de cualquier persona que fuera, se le hubiera quedado pegado en el
botón.
Soltó un bufido muy molesto y casi
de un salto se levanto con pereza del sofá para abrir la puerta con la
mentalidad de ahuyentar a cualquiera que le estuviera arruinando su sábado en
grande.
— ¿Sí? ¿Quién es y qué quiere?
Estaba a punto de echarme una siesta y no es por ser una mierda, pero me la ha
arruinado, así que por favor váyase antes de que le escupa en la cara—. Le
habló prácticamente a la puerta antes de abrirla.
—Soy yo Oliver, ábreme por favor— Se
escuchó una voz muy baja y arrastrando las palabras, y después un golpe seco
contra la puerta, como si hubieran dejado caer algo contra ella.
Oliver resignado abrió la puerta y
acertó en su pensamiento. Kaleb estaba parado ahí tan demacrado, como si
hubiera llorado mucho, ni siquiera estaba abrigado para el frío del día por lo
que sin pensarlo lo jaló hacia dentro de su casa y lo guió hasta el sillón. Lo
tapó con unas mantas que tenía cerca y le sirvió un poco café que tenía de días
anteriores.
—Perdona, no tengo más para
ofrecerte— Le dijo pasándole una taza pequeña con café caliente.
—No importa, no vine a que me dieras
comida, yo solo vine a, bueno, yo, te extrañaba allá Oliver, estoy muy solo,
¿entiendes lo que te digo? Po favor, sí… si te molestaba que estudiara mucho en
las noches con la luz encendida, puedo ya no hacerlo más, me compraré una
lámpara o mejor ya no lo haré, ya no hablaré tanto si tanto te molesta y si
quieres, ya sabes — se sonrojó de golpe—, besarme, me dejaré, ya no te diré
nada, igual si quieres tocarme, bueno, no tanto, pero ya no te golpearé, no te
empujaré, no haré nada, pero regresa.
Oliver soltó una carcajada burlesca
al analiza todo lo que Kaleb le había dicho ¿Es que acaso e había enamorado de
él? Imposible, nadie puede enamorarse de Oliver siendo como es. Un perdedor.
Sentía como si burlarse de lo que acababa de escuchar fuera bueno y lo ayudara
a liberar todo el nerviosismo que comenzó a recorrerle todo el cuerpo. Los ojos
de Kaleb se posaron en los suyos y una mirada llena de rabia e incomodidad le
hizo callar de golpe. Kaleb bajo la taza del café que tenía en sus manos y la colocó
en una caja aún cerrada sin desempacar.
—No, no puedes hablar enserio, y no
puedo regresar, mírame, estoy bien aquí, tengo todo, quizás debería pedir un
préstamo para contratar una sirvienta o algo, pero me siento cómodo, tengo mi
casa y no lo tomes a mal, pero no soportaba estar en aquel cuarto, es muy
pequeño para los dos—. Intentó quitarse el peso de encima pero Kaleb lo mal
entendió.
—Pues yo podría, uhm, ¡Ya! Tú
sabes, vivir aquí contigo—. Kaleb se emocionó un poco y se acercó a Oliver
esperando una respuesta positiva. Pero eso era esperar mucho. Oliver se quedó
serio y respiraba muy airado intentando encontrar una manera de decirle a Kaleb
que no le gustaba para nada esa idea.
—No, uhm, bueno ya sabes, no
puedes dejar de estudiar, no podrías vivir conmigo, solo mira esto, está hecho
un desastre, no podrías vivir aquí.
—Pero yo podría limpiar por ti,
cuando termine mis clases, a veces suele sobrarme tiempo, yo puedo hacerlo—.
Oliver comenzó a inquietarse por la torpeza de Kaleb que no parecía comprender
lo que le decía.
—No, no me entiendes, yo no te
quiero—.
El silencio que reinó la habitación
fue muy incomodo para los dos. La respiración agitada de Kaleb se lograba
sentir muy densa, y eso a Oliver le ponía nervioso, sentía como si aquel se le
fuera a ventar encima y a estrangularlo con sus pequeñas y delgadas manos, pero
para su suerte, eso no pasó.
Kaleb miraba con desesperación el
piso y estaba hiperventilando. Sus manos sudaban y antes era por nervios, ahora
sudaban por coraje y rencor; Oliver había estado jugando con él entonces, si
decía no quererlo ¿Por qué le intentaba besar a la fuerza? ¿Por qué le buscaba
y le seducía? Oliver era otro más de los que buscaban un rato nada más.
Antes de tener uno de sus tantos
ataques de nerviosismo y coraje, colocó una mano en el pecho de Oliver,
empujándose a él mismo hacía atrás.
—No fue buena idea venir, yo, lo
siento si te incomodé, tenía que decírtelo, lamento haber, ya sabes, mal
interpretado todo esto.
—Nada de eso, solo no soy así Kaleb,
yo lo siento.
Oliver se pensó muy seriamente si
acercarse y abrazarlo, pero en ese momento el timbre de su casa volvía a sonar
insistentemente robándole un pequeño susto. Soltó una risita y dejando a un
Kaleb deprimido en el sofá fue a abrir. Ya no estaba disfrutando su sábado, así
que debía atender visitas con la mejor cara.
Miró por la ventana y vio una sombra
nadamas. Abrió la puerta encontrándose al cartero de nuevo plantado enfrente de
él. Esta vez con dos cartas más.
—¿Más cartas?
—Sí, lo siento, ya le eh dicho que
no puedo dejar de entregárselas, es mi deber.
—Olvídelo, es que ni siquiera son
para mí—. Oliver se calló y frunció los labios—. No sé por qué le estoy
explicando esto.
Rodó los ojos y las tomó para después azotarle
la puerta en la cara al cartero.
Unos días pasados le había pedido
que dejara de llevarle cartas de esa dirección, sin embargo no podía hacer eso,
debía entregarlas, ese era su trabajo, así que Oliver se vio forzado a
recibirlas y sin siquiera verlas o abrirlas, las tomaba con coraje y las
aventaba a su chimenea para que el fuego siguiera vivo y así se deshacía de
ellas.
La chica que le mandaba cartas lo
tenía un poco fastidiado, y es que ni siquiera le contestaba, había leído las
primeras tres cartas, y de ahí las otras que llegaban las echaba al fuego, y
eran casi diarias las cartas, al menos diez habían llegado y seguían llegando.
Kaleb le miró con el ceño fruncido,
como su supiera que algo le había incomodado con la visita del cartero. Y aún
más con los sobres que había recibido. Lo miró detenidamente y vio como se
acercaba a su chimenea y hacía más potente la llamarada. Ya se hacía a la idea.
—¿No vas a leerla? —. Se atrevió a
preguntar.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no tiene caso, es una
chiquilla tonta que me manda cartas sin saber quien soy, solo porque aquí vivía
y extraña estar acá.
—¿Y? No sabes si esa niña está
enferma.
—¿De que va? —Oliver se volteó para
mirarlo con un puchero en los labios. Se lo estaba pensando.
—Sí, ya sabes, que tal si es un caso
extremo, supongamos que está a punto de morir y por eso está desesperada mandándote… ¿Dos cartas? — Oliver miró el
remitente de ambas cartas y asistió—. Dos cartas, porque lo último que quiere
es ver su casa de antes.
—¿Y por qué no viene? No solo son
dos cartas—. Las levanto y las agito en su mano—. Han sido como diez como
mínimo. Antes me sentía un perdedor porque ni mi familia se atrevía a mandarme
unas cartas, pero ahora me siento un perdedor de cotilla a quien una mocosa le
manda cartas estúpidas. No tiene caso. Es tonto.
—Tú eres el tonto Oliver, no se
puede ni siquiera hablar contigo, así que me voy.
Dejó la manta con la que estaba cubriendo su cuerpo y se
levanto sin mirarle a los ojos. Con unas largas zancadas abrió la puerta y
salió de la casa dando un portazo que más que portazo había sonado como un
“eres un idiota, chupapollas”.
Oliver se quedó mirando la puerta y luego su mirada se posó
en ambas cartas que tenía en las manos. Estaba pensándolo mucho. Su mano se
estiró hasta una pequeña manija que bajó haciendo que el fuego de la chimenea
disminuyera.
—Joder, me voy a odiar por esto.
Se sentó en el sofá y abriendo la
primera carta con nada de cuidado, rompiendo la envoltura y tirando los pedazos
al suelo descubrió una tarjeta –diferente a lo que había estado recibiendo– con
una vista de una ciudad.
Su cara fue un poema, no entendía aquello.
Mirándola con detenimiento y sintiendo aún el hambre en sus tripas, sacó un
cigarrillo y lo encendió comenzando a fumarlo, para tener la boca ocupada en algo
por el momento.
En aquella foto se podía observar la
ciudad, en un ambiente caluroso –por el color de la imagen– era un atardecer y
se veían unos pies estirados sobre el capo del auto. A lo que en conclusión se deducía
que la persona que hubiera tomado la foto, estaba descansando sobre su auto.
Tomó otra calada a su cigarro y
lentamente volteó y leyó la parte trasera de la fotografía:
“Hola,
quien quiera que seas:
De
nuevo estoy escribiendo una carta para ti, la cual no me decidía a enviar, pues
no sé si hayas leído las anteriores, porque aún no recibo ninguna respuesta L . Pero olvidándonos de eso,
quizás aún no recibes nada y es la primera que lees y eso me emocionaría mucho
por las razones mencionadas en la carta.
Adicionalmente
eh enviado esta fotografía de mi ciudad, Cincinnati, Ohio. En lo personal amo
la vista de la ciudad, aunque probablemente amo más el río que se encuentra muy
cerca. Eh mandado una foto antes, quizás la hayas visto o quizás no, pero si
quieres podría volver a enviarla, sería un gusto. Solo que por ahora no tengo
timbres para seguir enviando cartas L
debo salir en busca de más.
Un beso + el de antes.
Andy B.
Andy B.
—Oh dios, maldita chica tonta.
Rodó los ojos y dejó la fotografía a
un lado suyo, mientras se pensaba si leer la otra no. La tomo y la miró con un
poco de desprecio.
“Sí,
ya sabes, que tal si es un caso extremo, supongamos que está a punto de morir y
por eso está desesperada mandándote dos
cartas, porque lo último que quiere es ver su casa de antes.”
Se abofeteo mentalmente por hacer caso a lo que Kaleb le había dicho antes de decirle indirectamente que era un insensible de mierda, y abrió el
sobre con la carta esta vez con cuidado. De un lado jaló el papel para así
abrirla disimuladamente y sacó la carta sorprendiéndose de la letra diferente.
¿Era una chica bipolar? ¿La letra tenía algo que ver? ¿Y si de verdad estaba enferma
y sus manos ya no respondían igual?
No podía creer que estuviera pensándolo
así. Abrió la hoja y leyó de nuevo.
“Para
quien quiera que seas:
Hola
que tal, me llamo Andy y esta no sé que número de vez es que te escribo, pero
apuesto a que es como la carta número cien que mando.
Eh
estado mandando cartas a esa dirección donde estás tú, pero no sé si las han
recibido o si esta es la primera vez. Escribo muchas cartas diarias, pero solo
mando algunas con temor de que nunca sean recibidas, pero esto es lo de menos.
Cuando
tenía cinco años, yo vivía en Kingston, amaba estar allá, el clima me parecía agradable
y la pequeña casa donde vivía –que sé, que es la que vives tú, a menos que
hayan cambiado las calles y nos números, cosa que realmente dudo mucho–.
Estoy
pensando muy seriamente en ir de visita al menos, extraño ese lugar y por
muchas cartas que eh mandado, ninguna ha sido respondida, así que quizás solo
vaya a ver sí hay alguien que lee mis cartas o la casa sigue abandonada. En
todo caso de que sea la segunda opción no dudaré en comprarla, claro cuando
tenga mi mayoría de edad, aunque no sé porque te cuento esto.
Para
lo que te escribo es para pedirte un favor…”
—El mismo—. Pensó Oliver.
“Para
lo que te escribo es para pedirte un favor. Necesito una fotografía de la casa.
Sí, es algo tonto, pero la quiero y la necesito pronto; bueno, en caso de que
la estuvieras leyendo, necesito una fotografía pronto, o de la ciudad si
quiera. Es solo para mirarla algunos días.
Espero
con todas mis ansias respondas esta carta con lo que eh pedido, o al menos una
respuesta positiva de que mi lugar soñado aún existe. De lo contrario ni
siquiera sabré si mi carta llegó o si la han leído o no.
Un
saludo para ti extraño y eh enviado una fotografía extra de mi lugar. Espero la
disfrutes como yo quiero disfrutar de Kingston.
Un beso.
Andy B.
Oliver tenía una cámara fotográfica pequeña,
que aún necesitaba de rollos, algo inútil, pero solo la ocupaba para ocasiones
especiales, eventos únicos, o momentos estúpidos hechos para recordar.
Sin embargo esa vez, dejando las
hojas de la carta abiertas en el sofá, camino hacia su caja –aún no abierta– llena
de cosas que no ocupaba seguido y la encontró en su caja enrollada de periódico.
La tomó y la reviso por todos lados constatando que aún servía.
—Me voy a odiaaaar.
Salió de su casa, tomando las llaves,
con el teléfono en mano y la cámara fotográfica más unos cuantos rollos más para
poder fotografiar algunas cosas extras, quizás así esa chica molesta dejaría de
molestarle un poco.
Tomó un taxi y le pidió que le
llevara a la colina más cercana, y aunque le dolió la cantidad de dinero que le
cobró, admitió que valía la pena pues era una vista preciosa la que se presenciaba
desde allá arriba. Sacó su móvil y comenzó a marcar un número en su agenda.
—¿Rebeca?
—¡Oliver! Pero que jodidos que me
llamas, no sabía nada de ti, sólo lo básico, que habías dejado al nerd de Kaleb
y vivías solo.
—Vale, luego me regañas, ¿quieres salir?
—¿Dónde?
—La colina de siempre.
—Espérame ahí, que estoy segura que
me has marcado para que vaya por ti. Cómprate un coche quizás.
—Quizás, pero no. Apúrate ¿Quieres?
Cortó la llamada y tomó su cámara poniéndola
bajo su brazo.
—Mira Andy, mira lo que hago por tus
tontos caprichos y favores. Ojalá con esto dejes de mandarme más cartas, ya no
te soporto.
Sacó otro cigarro, encendiéndolo con
ayuda de sus manos tapando el churrito del aire helado que corría, comenzó dale
profundas caladas mientras miraba su “ciudad” –que más bien era un pequeño
pueblo en medio de la nada, con mucho comercio– . Sacando el humo por la
comisura de sus labios mientras que con las manos, tomo la cámara y comenzó a
tomar algunas fotos a lo tonto sin importarle si salían bien o no…
Y después de un rato, estaba fotografiándose
a él mismo. Haciendo caras ridículas esperando a Rebecca para que le llevara a
su casa y quizás invitarla a tomar algo y luego algo más.

hdsjkdas "era demasiado flojo como para recoger y acomodar lo que estuviera fuera de lugar, lavar los trastos, barrer, trapear o lavar su ropa –aunque por suerte existía la lavadora, aunque aún así era demasiado perezoso para echarla–."....¿acaso estás espiándome? 7u7
ResponderEliminarPobre Andy, primero, está traumado con su antigua casa, luego Oli cree que es una chica, y ahora que es una chica enferma DD:
XD
Y nada, seguiré con mi lectura...*se coloca unos lentes que hacen que sus ojos se vean ENORMES y sigue leyendo* (?)
Hello :3
EliminarAh que, esa es mi historia, de verdad soy demasiado floja para echar mis cosas a lavar xD
Lo sé, Andy es muy infantil y todo ese rollo, entonces ahí veras la cosa xD
Espero sigas leyendo :3