viernes, 18 de octubre de 2013

I'm so sorry.





Janxx: Jinxx Ferguson & Jake Pitts.



Tomé el cigarrillo de mis labios, importándome demasiado poco si podía quemarme los dedos o no. Lo clavé en la mesa del café haciendo que este se apagara al instante, ganándome una mirada reprobatoria por parte del mesero que desvió la mirada al cenicero un poco más de diez centímetros de mi mano, pero no me había molestado en apagarlo sobre este, la mesa se me cruzó primero, él me veía serio y sin moverse mientras murmuraba cosas sin sentido.


 —Joven, no puede hacer eso, si lo vuelve a hacer le cobraré la mesa.

—Soy un imbécil — murmuré—, soy demasiado imbécil.

Tomé la cerveza en mis labios tomando un trago de su ácido contenido, mientras que una estúpida y gruesa lágrima caía por mi mejilla. Antes de que llegara a la comisura de mis labios, con el puño de mi mano la quité mientras que azotaba el embase de la botella en la mesa.

Odiaba sentirme tan débil, pero después de cometer una sarta de estupideces, era inevitable sentirme tan mal, agobiado y sin parar de llorar de rabia. Pero mis lágrimas no se comparaban para nada a las suyas.

De color negro abismo, tan rotas, con dolor y odio. Me odió tanto que tiró todo lo que encontró a su paso, incluso sus maquillajes, sus artefactos de belleza que tanto amaba, nuestras fotografías enmarcadas habían terminado en el suelo sin piedad, hechos añicos con fuerza. Mis mejillas sangrantes de sus uñas enterradas en ellas con fuerza y odio.

Ni siquiera cogió una maleta. Con las manos color escarlata por mi sangre de las mejillas, tomó su ropa en brazos y aunque ésta se cayera al momento de correr, no le importó. Corrió e incluso cayó por las escaleras, se torció el tobillo y hasta se le puso morado, intenté cargarlo y llevarlo al sofá, sin embargo me golpeó en el pecho con un manotazo que me ardió y soltó un “me das asco, hueles a perra”. Se arrastró hacia fuera de la casa y con la poca ropa que tenía en manos caminó perdiéndose de mi vista, pues me había amenazado en que no le siguiera.

Andrew –nombre del mesero que obligué a sentar junto a mi cuando le vi perfecto para contarle lo que me pasaba–, sacó su móvil por décima vez en los últimos dos minutos, miró la hora y resopló. Su brazo estaba sobre la mesa, apoyado de codo y dando soporte a su cabeza sobre su mano, su expresión aburrida parecía más bien de una persona adormilada y que caería dormida en segundos. La charola donde transportaba las bebidas estaba entre sus piernas mientras él las movía de forma desesperada.

—Sí, lo es y tiene suerte de que mi jefe no esté aquí y no es que me haga mucha ilusión. Si me viera aquí sentado, me estrellaría un par de vasos en la cabeza.

Negué con la cabeza, pero no por lo que me estuviera diciendo, si no porque aún no podía asimilar lo que había hecho. Le había engañado y eso era más grave de lo que pensé en un principio, cuando aquella chica estaba sobre mi cuerpo moviéndose descontroladamente.

—Le mentí.

—Ya me lo dijo diez veces, joven. — El mesero dejó caer la cabeza contra la mesa haciendo un sonido muy feo que ni me molestó un poco. Ni siquiera lo miré, mi mirada cayó al suelo y le empujé con el dedo índice el envase de la botella vacía, indicándole que quería otra. En cuanto se dio cuenta me miró con una ceja levantada y negó con la cabeza. —Mire… Muchacho, somos los únicos que quedamos aquí, así que será mejor que se vaya ya, es muy tarde y yo debo cerrar, tengo vida ¿sabe? No puedo estar encerrado con usted.

—Andyyy —arrastré las palabras—, tienes vida… ¿te espera alguien? — Andy asintió y yo le miré con una cara de seriedad normal en mí. — A mi nadie.

—Oiga, vaya a un bar si quiere hundirse en el alcohol, pero este café ya está cerrado, así que o se va, o lo saco a patadas.

Me levanté y caminé hacia la puerta tambaleándome. No le miré, simplemente me levanté, ni siquiera sabía si llevaba mis cosas conmigo, solo quería salir de ahí, y volver a casa a hundirme en mi soledad.
Me tropecé y así fue como salí del lugar cayendo de boca sobre el asfalto recién calentado por el sol, pero ahora enfriándose por la noche.

—¿Jacob? — Escuché la voz de Andy atrás de mí. Ni siquiera le había pagado, así que me levanté del suelo y caminé cojeando y mareado por la acera, chocando con personas y sin pedir perdón. —¡Jacob! ¡Espere!

Me giré para mirarle y tenía mi cartera en sus manos. Se veía tan estúpido con el mandil aún colgando de su cuello y atado por su cintura. Pero como yo era altamente estúpido ni siquiera me detuve a por ella, seguí caminando con la cabeza volteada hasta que choqué con alguien, casi como para tirarnos al suelo de boca a ambos… era un chico.

En cuanto se giró mis ojos brillaron como diamantes y estaba seguro que se formaron dos corazones enormes. Y hablando de corazón, ese órgano que me latía dolorosamente, ahora me sofocaba y sentía que me ahogaba con cada latido. Su mirada se cruzó con la mía en cuanto se volteo y esos ojos tan azules destellaron e incluso brillaron más que su blanquecina piel que a veces creía que me enfermaba cuando en realidad me volvía loco.

Abrió la boca para alegarme algo, e incluso alzó un dedo para señalarme y sacarme un ojo, pero se detuvo en cuando me vio, encogió el dedo y dejo la boca abierta haciéndose pequeño.

—Jake.

—Jinxx.

Las lágrimas estúpidas que recorrían mis mejillas se secaron de momento y los ojos comenzaron a arderme horriblemente. Sonreí pero él no. Me miró serio e incluso se veía molesto e incómodo. Una mano llegó golpeándome en la nuca fuertemente. Andy estaba furioso con su mandil en la mano mirándome con odio por haberle hecho correr dejando su negocio.

—¡Estúpido! ¿Por qué sales corriendo así? Vale, no me enojo, pero no hagas eso, mierda. — Dijo entre respiraciones, demasiado agitado como para comprender la situación.

Ni siquiera le contesté cuando me giré para mirar a Jinxx con amor. Amor que aún no moría y por error no le había demostrado lo suficientemente bien.

Hace unos meses atrás, aproximadamente nueve, Jinxx y yo nos habíamos mudado juntos. Él era la persona más melosa que había conocido jamás, y yo le tenía gran aprecio, amor, cariño, etc., de todo. Sin embargo, esa misma actitud melosa estaba fastidiándome. Cuando llegaba a casa, el brincaba sobre mi cuerpo y me llenaba de besos hasta el grado en el que debía empujarlo para que dejara de hacerlo, le gritaba y le daba tirones en los brazos quitándomelo de enfrente.

Él no decía nada ni porque olía a perfume barato por enrollarme con la fácil asistente que me habían asignado, sabía que lo olía, pero se mantenía callado y me seguía como un perrito faldero por toda la casa. Hablaba de mil cosas y de lo aburrido que se sentía solo en casa sin hacer nada. Siempre esperaba por mí y es que yo le hacía esperar.

Un día, justamente cuando necesité llevar el trabajo a casa, la fácil asistente fue conmigo. Jinxx nos esperaba gustoso con una rica comida para poder concentrarnos, pero en menos de una hora, había preferido salir a tomar aire, comer un helado, comprarse algo, en lugar de estar colgado a mi cuello impidiéndome trabajar en paz. Y claro, le di dinero y salió.

Para cuando él estaba de vuelta, yo estaba enrollado en sábanas, completamente desnudo, besando a una chica, un cuerpo bastante voluminoso y muy bueno para cualquier hombre, era demasiado tentador y la chica sabía moverse. Ni siquiera me percate de la puerta abierta, los pasos en las escaleras, los llamados combinados con sollozos, solo vi a Jinxx parado en la puerta con su mano sosteniendo fuertemente el pomo de esta, casi queriéndolo arrancar.

Corrió hasta mi, aventándome fuera de la cama, rompiendo la penetración que tenía sobre la chica y comenzó a golpearme de a manotazos y a dejarme rasguños. Le metí un fuerte empujón y cayó al suelo quejándose de dolor, soltando sollozos lastimeros y rompiéndome el corazón.

Ahí fue cuando me di cuenta que había hecho las cosas mal, tenía a Jinxx y él me quería, y fue cuando intenté detenerlo sin cruzar mucha palabra con él, pero se negó, se levantó del suelo y su mirada llena de rabia me hizo estremecer aunque claro que no lo demostré. Se aventó contra mi cuerpo soltando un grito gutural hecho con la garganta que seguro se la había rajado bien. Sus uñas largas y cuidadas sin color se enterraron con fuerza en mis mejillas, arañándome fuerte y rápido. Sentí el escozor en estas e intenté tocarme un poco, me ardía demasiado.

Jinxx me golpeo el pecho después de eso dejándome mi sangre sobre la piel. Intenté detenerlo, pero entonces tomó el cable de su plancha de cabello y tiró de el, haciendo que este callera a su alcance. Lo tomó y lo estrelló con fuerza en mi cabeza.

Tomó todos sus cosméticos y accesorios de belleza y me los aventó, bañado en lagrimas y soltando gritos de dolor y berrinche. En cuanto me descuidé le vi tomar su ropa desesperado, ni siquiera estaba haciéndolo bien, y después de eso salió corriendo de la habitación. Me apuré para alcanzarlo y cuando él notó eso, saltó algunos escalones torciéndose el pie en ese proceso. Vi horrorizado como su pie se doblaba y tronaba fuerte, gritó aún más y cayó al suelo. Corrí hasta él dispuesto a auxiliarlo, y entonces me golpeo fuerte en el pecho.

—Me das asco, hueles a perra. No te me acerques que te mato. Te odio tanto. ¡Ojala te mueras!

Y sacó una navaja con seis utensilios más. Eso podía desangrarme si se me enterraba solo un poco. Me quedé observándole, viendo como se arrastraba y salía de la casa sollozando sin control, abrazando las pocas prendas que tenía en sus brazos y hablando por el móvil con quien sabe quien. Le temblaba la mano y su labio inferior. Una sacudida violenta y cayó al suelo, ni siquiera me volvió a ver, se levantó como pudo tirando más ropa en el proceso y camino perdiéndose de mi vista.

Y desde entonces son una miseria.

—¡Jacob! — Andy me gritó fuerte que el oído me tronó y luego escuche un zumbido en el. Me lo jodió.

—Jinxx. — Murmuré y él desvió la mirada de repente.

Me acerqué lentamente, situándome frente a él, tomándole de ambos brazos para que me mirara. Frunció el ceño y puso una cara de frustración total. Solté uno de sus brazos y con mis dedos, suavemente tomé su barbilla haciéndole girar hacia donde estaba yo.

Me miró y tomó mis muñecas para zafarse de mi agarré, pero lo apreté impidiéndole irse pronto. Pareció asustase por mi repentina actitud, pero si ya lo tenía frente a mí, no le dejaría ir tan fácilmente.

Me acerqué a él para besarle como lo había estado deseando en mi soledad desde hace nueve meses, pidiéndole perdón de rodillas y que regresara conmigo, pero él simplemente despareció de la faz de la tierra. Era la primera vez que le veía desde aquella vez que me dejó las uñas marcadas en la cara del las cuales me quedan las cicatrices.

Mis labios se rozaron con los suyos y sus uñas se enterraron en la piel de mis muñecas. Seguían largas y cuidadas. Incluso ahora pintadas de negro que daban un mejor efecto sobre su aún pálida piel.

Sus ojos se cerraron con fuerza y sus labios se apretaron formando una línea recta, no dejándome hacer lo que pretendía hacer con amor y pasión para recordarle que le amaba, que aún le amaba y que había sido un imbécil engañándole de esa forma, con una puta barata que quería solo mi dinero. Algo que de seguro no iba a entender, pero debía rogar.

Mis manos soltaron un poco las suyas y acariciaron sus dedos. Hasta que encontré algo que me llamó mucho la atención. Jinxx era muy femenino a veces, pero ¿llevar anillos? Él no usaba esas cosas.

Me alejé de él y tomé su mano con cuidado mirándola con atención. Él comenzó a hiperventilar y enterró sus uñas de nuevo en mi piel. Me acerqué de nuevo y junté nuestros labios tomándolo por sorpresa, de una forma necesitada y hambreada. Le mordí los labios y le tomé por la nuca haciendo que el beso sea profundo mientras él me tomaba por los brazos y el pecho, para poner resistencia.

—Jeremy

Una voz muy grave sonó a mis espaldas y sentí como mi pequeño me era arrebatado a la fuerza de mis brazos. Sentí el último contacto de nuestros labios y miré al grandulón mirarme con odio. Tenía rasgos toscos, y su cabello era lacio un poco corto, le llegaba por las orejas y su look era despeinado. Parecía vago, pero no era vago, sus cosas de marca, algunos tatuajes y nada de barba, y su voz era algo melodiosa. 
Pasó por mi lado y se situó junto a Jinxx, tomándolo posesivamente de la cintura.

Mi mirada viajó hacia Jinxx que estaba dándome la espalda, aferrándose al cuello de ese chico como de nuestra edad. Miré como sus manos se tensaban sobre su cuello y temblaba llorando. Estaba llorando y yo le había hecho llorar, eso sí lo había notado.

—¿Quién te crees para besa a mi esposo? ¿Eh? — Me quedé helado y fue cuando comprendí el bonito anillo que tenía en la mano, luciéndose, presumiéndome que ya era feliz y yo no. — Me has arruinado mi luna de miel, mierda. — Murmuró eso último estrechando a Jinxx en sus brazos que se aferró más a su cuerpo.

Un toque en el hombro me hizo voltear a ver a Andy que seguía parado ahí junto a mí, sin embargo ahora más relajado, su semblante demostró pena y era la pena que sentía por mí.

Giré de nuevo la vista al frente y miré a Jinxx quien no paraba de llorar, esta vez sus manos pasaban por debajo de los brazos del grandulón, abrazándolo con mucho cariño y como si buscara protección. El tipo limpiaba sus lágrimas y le besaba por todo el rostro. Mi boca se abrió totalmente al pensar que jamás le había consolado cuando él había llorado por algo.

—Jinxx. — Intenté llamarlo de nuevo, pero su cara se enterró en el cuello del grandulón y se negó a mirarme.

—Adam, quiero irme. — Murmuró bajito.

—Vamos. — Lo tomó de la cadera y lo apegó a su cuerpo. Yo me escandalicé. Se iba.

—No, Jinxx espera…

—Eh — El tal Adam dio un paso adelante ocultando a Jinxx tras su enorme espalda. — Ni se te ocurra volver a acércate que si te veo de nuevo… te rajo el cuello. Como que me apellido Gontier. — Gruñó.

—¡Adam! — Gritó Jinxx saliendo de su escondite mirándome temeroso. — Lo siento, pero no tengo nada que ver contigo. Estoy feliz, recientemente casado y no pienso perdonarte, eso te enseñara a no engañar a alguien más…

—Pero solo has sido tú, nadie más desde que te fuiste. — Murmuré inclinando la cabeza.

—¿Sabes? Es una pena. Yo ya ni siquiera vivo aquí. Como ha dicho mi esposo, estamos de luna de miel. Así que, no voy a dejar que me arruines la vida. Y como te lo dije aquella vez: Muérete Jake.

Se giró y tomo la mano de Adam, dándose la vuelta y caminando muy pegados. Noté como me miraba por el rabillo del ojo y yo no pude contener mucho más mis lágrimas que caían de manera descontrolada en mi cara.

Y entonces lo había perdido todo, por un simple juego, una dejes, me dejé llevar por las redes de una puta barata y había perdido a quien de verdad me hacía feliz aunque estuviera tan cegado. Le había prometido infinidad de cosas y todas las pisé haciéndolas añicos incluyendo su frágil e indefenso corazón.

—Lo siento tanto Jinxx, perdóname alguna vez, lo siento mucho.




Nota: Muy corto lo sé y sin un digno Barnner pero espero les haya gustado. Fue diferente y de echo se me ocurrio así de corto, sin más historia de por medio que me hiciera escibir una biblia o almenos algo de seis hojas. El final es muy chungo, pero no tenía final feliz en mi mente, así que lo escribí tal y como ocurrio en mi cabeza. Si no sintieron ni una pisca de remordimiento o tristeza, está bien, realmente no pretendo o pretendía hacerlas llorar, solo que vamos, siempre Janxx con violaciones y felices todos... Así que mi tercer Janxx solitario es así. Comenten y nos leemos luego c:

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